por Máximo Gur Méndez
Cada 4 años a casi todos nos pasa lo mismo: pasamos de replantearnos lo que es el fóbal como emprendimiento comercial hoy (y la FIFA te fifa como su principal empresario y patronal) a estar en vilo frente a una TV pidiéndole al Fede Valverde que patee desde afuera del área.
Porque el fóbal que jugamos en la playa antes (o peor, después) de un asado no tiene absolutamente nada que ver con estos mundiales que FIFA te fifa nos hacen creer que son lo máximo del deporte.
De las 48 selecciones que llegaron a jugar el Mundial la enorme mayoría cuentan con un presupuesto que dejaría atónitos a la educación o la salud en la mayoría de sus propios países. Y hay varias selecciones poderosas que no llegaron a jugar. Sus jugadores, esmerados deportistas que saben correr muy bien con la "guinda amarrada" a sus patitas y patean o atajan con soberbia extramundana cobran tantos millones de dólares por año que varios narcotraficantes también quieren jugar a la pelota.
Y es tanta la guita que se mueve que el Mundial lo juegan mayoritariamente en un país que lo tiene en 4º o 5º puesto holgado de preferencias en su población; hasta le han inventado un período de refresco de jugadores (para seguir pasando propaganda multimillonaria) inclusive si juegan a temperaturas invernales o en un estadio cerrado y con aire acondicionado! (SIC!).
Pero mientras tanto no dejan entrar a un árbitro de Somalia (el mejor de África, dicen el resto de los árbitros), no permitieron ruedas de prensa con preguntas en español (lengua de uno de los países anfitriones), no le dan visa a la selección de Irán más que para jugar los partidos y rajar o te examinan con perros rastreadores de drogas a nuestra propia selección. Y una buena patada en los tobillos dada por Messi no vale lo mismo que una dada por un argelino aceitunado.
Sin embargo la mayoría de nosotros estaremos el domingo comiendo una picadita y cabeceando en el aire cuando levanten un corner, recordando que cuando cabeceabas la pelota del lado de la lengüeta del piripicho dolía como una pedrada.


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