In Invernum qualqum soreteae fiumo expelent

DEFINICIÓN


galanga (diccionario de la real Academia Española)

3. f. Bacín plano con borde entrante y mango hueco, para usar en la cama.

martes, 29 de septiembre de 2020

La pirámide sagrada de Paraayá. Arquitectura guaranga

 

por Trancazo

A diferencia de otros pueblos americanos, como los incas y los aztecas, los guarangos no eran particularmente inclinados a las construcciones importantes. Enterados de las magníficas obras arquitectónicas de aquellos que incluían templos, pirámides, calzadas, terrazas y ciudades enteras en lugares inaccesibles[1], la reflexión guaranga era que esas obras eran muy cansadoras y que no armonizan de modo adecuado con su ontología ancestral que propulsaba una integración de bajo impacto intervencionista en el medio ambiente. Cada vez que eran confrontados e interpelados por su escaso despliegue arquitectónico en comparación con otras culturas de la región, el comentario guarango era siempre el mismo: «¡Qué necesidad!».

No obstante lo anterior, los guarangos emprendieron algunas construcciones originales y notables, aunque pocas. Entre ellas se destaca por mérito propio una obra que mientras duró concitó la atención de peregrinos de toda América, quienes fueron atraídos por el prestigio de los fenómenos mágicos que ahí dicen que sucedían.

En la zona conocida como «Paraayá», los guarangos erigieron un enorme túmulo sagrado de más de 50 metros de altura, de conformación piramidal con base triangular, claramente en desafío a las pirámides corrientes de base cuadrada como las egipcias, mayas y aztecas, muy de moda en la época.

Estaba orientada de tal modo que cada uno de los vértices del triángulo señala con una precisión que aún hoy asombra a los expertos que han estudiado el monumento, hacia tres direcciones que indicarían buenos lugares para ir a esconderse en la celebración de juegos infantiles basados en la búsqueda de varios participantes que se ocultan, mientras uno la «queda».

En clara sintonía con su enfoque naturalista, de gran integración con la naturaleza —lo que con los parámetros actuales catalogaríamos de ecologista— la construcción de la pirámide se realizó enteramente con materiales orgánicos, naturales, 100% reciclables, entre los que predominó mayoritariamente lo que los guarangos denominaban «bosta». Con dicho vocablo los guarangos se referían a los excrementos, fundamentalmente vacunos y equinos, los que una vez secados de modo natural por las condiciones ambientales prevalecientes en la zona, se convierten en una suerte de ladrillos esféricos, muy adecuados para toda clase de construcciones. La enorme mayoría de los guarangos recordaba jugar en su infancia con estos ladrillos naturales y haber hecho toda clase de edificaciones, algunas ciertamente muy complejas y elaboradas.

La «pirámide sagrada de Paraayá» fue, como decíamos, un notable punto de peregrinación tanto de la cultura guaranga, así como de otras etnias de la región, que se congregaban allí para la realización de varios festivales sagrados. Principalmente estos ocurrían en el invierno porque había menos moscas.

Los europeos que habían llegado a esas zonas no tuvieron la sensibilidad adecuada para aquilatar de modo certero el rico contenido cultural de civilizaciones tan diversas a las propias. Fue así como despreciando lo diferente, se referían a la sagrada pirámide de Paraayá como «la gran montaña de bosta» (sic en las crónicas de la época). Paradójicamente, esa despectiva caracterización fue la involuntaria causa para que los europeos se mantuvieran lejos del área y que el sagrado monumento guarango no fuese profanado como le ocurrió a la mayoría en el continente.

Como construcción orgánica que era, una vez que los guarangos no se pudieron seguir encargando de su mantenimiento porque estaban dedicados a la preservación de sus vidas amenazadas por el avance de los codiciosos europeos, la acción de los agentes atmosféricos fue haciendo su obra y en la actualidad no queda nada del monumento sagrado. Sin embargo, moradores actuales de la zona, descendientes indirectos de aquellos bravos guarangos, sostienen que, en las noches de mucho calor, aun se puede percibir en el aire, trazas aromáticas que evocan la majestad ancestral del monumento guarango: la pirámide sagrada de Paraayá.



[1] Se recomienda visitar Machu-Picchu, por ejemplo.

Comentarios


Brillante Trancazo, como siempre.
Le Tanó de la Mondiolá

¡¡Muchas gracias!! Abrazo
Trancazo

2 comentarios: