In Invernum qualqum soreteae fiumo expelent

DEFINICIÓN


galanga (diccionario de la real Academia Española)

3. f. Bacín plano con borde entrante y mango hueco, para usar en la cama.

lunes, 3 de julio de 2017

Empezaron las vacaciones de julio: ¡¡Buáááá!!

por Medio Gurméndez

Cuando uno era chico no había angustia peor que la sensación que teníamos cuando en la Escuela se empezaba a correr la bola de que "Llegaron las vacunadoras". Cualquier abombado sabe que las vacunas duelen apenitas pero para haber entendido eso tuvimos que pasar por innumerables episodios vacunatorios durante toda la vida. En la Escuela llevábamos solo un par de ellos. Y todos nos poníamos nerviosos; porque además: no había otra salida; te vacunaban nomás.
Fuimos creciendo y las angustias fueron cambiando: el escrito sorpresa, la chanchita llena de milicos que pasaba muuuy despacito al lado tuyo, la menstruación de la novia.
Cuando teníamos hijos chicos una de las angustias eran las vacaciones de julio.
Parece ser que hace mucho tiempo a alguien se le ocurrió que durante el mes de julio, momento en el que las infecciones respiratorias, virales o no, diezmaban a los escolares, existieran dos semanas de vacaciones para que los chiquilines no fueran a la Escuela y no se anduvieran enfermando y contagiando sin control. En aquellas épocas las madres generalmente no trabajaban fuera de la casa y los niños de entonces se quedaban en su casita, con mami o la abu o la tía (que a veces vivía con ellos) y punto.
Ya cuando yo fui chico las cosas habían dejado de ser así: mi madre y otra cantidad de madres más trabajaban tanto adentro como afuera de la casa.
Ni que contarles cuando yo era padre de dos hijas y trabajábamos los dos.
¿Qué carajos hacés con los chiquilines?
Los levantás más temprano que antes, los abrigás como para pasarte 15 minutos en la parada de ómnibus o te llamás un taxi (hoy un Uber) o si tenés auto los metés medios dormidos y te vas a la casa de los abuelos (si ya están jubilados y no trabajan). Allí se quedan sin Cartoon Network ni jueguitos de la compu, lejos de los amigos. Y si no tenés dónde dejarlos arrancan contigo al trabajo (si los podés llevar) y se aburren y se enfrían y están más en contacto con más gente apestada que cuando iban a la Escuela. O le pedís a la Abuela que vaya a quedarse con ellos a tu casa. Y la pobre Vieja se toma el ómnibus de las 7 para llegar a tu casa a las 7 y media cosa de que puedas rajar y llegues apenitas tarde a tu trabajo. O los dejás solos a cargo del hermanito mayor (de 11 años) con una buena ración de galletitas y granola y yogurt frutado; y la compu prendida y la tele en Netflix. Y los llamás cada 20 minutos para ver que todo esté bien, y saltás del susto cada vez que escuchás el grito de alguno de los hijos cuando hablás con el hermano; y después llegás a tu casa, que parece Kosovo después de un bombardeo, a sacar caramelos masticados de abajo de las almohadas.

Lo único que se me ocurre decirles a todos es que no se preocupen: todos pasamos por ésto.
¡Y todos lo resistimos!

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