In Invernum qualqum soreteae fiumo expelent

DEFINICIÓN


galanga (diccionario de la real Academia Española)

3. f. Bacín plano con borde entrante y mango hueco, para usar en la cama.

miércoles, 23 de enero de 2013

Aquel paseo a la Barra del Santa Lucía

Cadorniano, que si algo tiene es memoria, nos recuerda el paseo a la Barra del Santa Lucía




Esto que les cuento fue un Domingo del mes de Febrero del año 1948, siendo yo un flacucho de 15 años, de jopo armado con Glostora.
En aquella época, ir a la Barra de Santa Lucia en el pueblo Santiago Vázquez, era un paseo que disfrutaba mucha gente. En el parque actuaba la banda municipal o la policial o de la marina, tocando música  popular, que muchas parejas salían a bailar. Por la tarde llegar hasta el puente y desde allí contemplar el río en todo su esplendor y viajar hasta la Isla del Tigre en una barcaza, era un deleite. Concurrían muchas jovencitas, que casi siempre estaban acompañadas por la mamá, la tía, la abuelita o el hermanito. Algunas veces si el acompañante de turno era una prima o una hermana mas canchera, podíamos dar un paseo por el parque o ir a caminar por el puente donde uno se ponía más romántico y nos daba la posibilidad de hacer una cita que la mayoría de las veces era para la salida del liceo y con suerte y mucha labia, como dice la canción de Marco Velásquez, aburríamos los cuadernos en el prado.
El hecho es que ese domingo amaneció un día espectacular y con Walter, decidimos ir a la Barra. Lo hicimos en el ómnibus de CUTCSA Nº 127.
Venía lleno por lo que nos toco estar parados y justo en el asiento frente a mi, viajaba una pareja. Ambos tendrían mas o menos 30 años, la mujer era una belleza, pelo negro largo, unos enormes ojos verdes y una boca que invitaba al beso. Pero lo que más atrajo mi atención fue el pronunciado escote de su vestido por el que asomaban unos generosos senos y como yo fui criado a mamadera, mis hormonas se alteraron de tal manera que no podía apartar mis ojos de ese lugar y por las dudas de reojo miraba al que venía con ella, no fuera cosa que me viera mirándola. Llegamos al destino y cuando el ómnibus paró, el tipo me tiró una trompada que si me agarra la barriga me la ponía en la espalda.
Me baje mas que ligero y Walter me pregunto: “¿Que pasó Julito que ese coso te quiso pegar?”  Le conté lo hermosa que era la mujer y lo del escote.
Me dijo: “Pero loco, vos no tenés gollete; como le vas a mirar las tetas a una mujer que viene acompañada. Con razón te tiró flor de trompada”.  Fuimos a dar una vuelta por el parque, a vichar las gurisas, y cuando íbamos a la parada del tren para el regreso, por la misma vereda y de frente, venía la pareja del ómnibus. Si sentado al hombre lo vi grande, ahora me parecía enorme. No sabia si salir corriendo o cruzar para la otra acera. Pero aunque estaba asustado, cobarde no soy y me preparé para defenderme y aguantar la paliza como pudiera.
La mujer cuando nos vio, algo le dijo, posiblemente fue: “No le pegues que es muy flaquito y lo vas a matar o mira que es menor y te van a llevar preso”. Lo cierto es que cuando paso a mi lado, el tipo me dijo: “Por favor botija, no me mires más” y siguió su camino. Yo que esperaba una trompada, no supe que contestarle. Walter empezó a las carcajadas y yo que no entendía nada, le pregunte: “¿y a vos que te causo tanta gracia?” 
Entonces sin parar de reírse me dijo: “No fue porque le miraste la mujer que te quiso pegar Julito; se creyó que sos un mariquita” y siguió a las carcajadas. Por un tiempo, antes de salir, me miraba al espejo por un rato, no fuera cosa que me fueran a confundir otra vez.

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