Ustedes dirán.
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Anónimo
Lunfa
In Ivernum qualqum soreteae fiumo expelent
Hoy traemos otro tema no muy conocido por la mayoría. La versión inicial de Good Night, con los 4 cantando y la guitarra de Lennon, el compositor. Sin la orquesta tipo Disney de la versión del Álbum Blanco, al final. ¿Se acuerdan? Y con la técnica de viola que aprendió de Donovan en la India. La de Julia o Dear Prudence.
Origen e intención: John Lennon escribió "Good Night" como una tierna canción de cuna para Julian, su hijo de cinco años.
Versión inicial: Grabada a finales de junio y principios de julio de 1968, el arreglo íntimo original presentaba la voz principal de Ringo Starr, la guitarra acústica de John Lennon y las armonías vocales de John, Paul y George.
Versión final: Los Beatles abandonaron el arreglo íntimo y lanzaron una versión orquestal majestuosa con 26 músicos y el grupo coral Mike Sammes Singers, lo que convirtió a Ringo en el único miembro de la banda presente en la grabación final.
Esta remezcla específica se basa en la "Toma 10 (con la guitarra de la Toma 5)" de la edición Súper Deluxe de 2018. Elimina una guitarra distorsionada que sonaba feo, centra la voz de Ringo y distribuye las armonías de los cuatro Beatles por todo el espectro estéreo para lograr mayor claridad.
viá dar una conferencia
dijo Mandini Astesiano
pa´ que vean que soy muy sano
y que no guardo rencor
al vecino que en el kiosco
me metió en el Trazador
yo solo vendo quinela,
lotería, cinco de oro
y mi único tesoro
es la timba ganancial
que tengo con la patrona
y no soy de esas personas
amigas de hacer pamento
los convoco acá al hotel
porque no entré al parlamento
vengo a levantar el muerto
que me quieren endilgar
no por mucho asesorar
mi cliente es traficante
apenas será un limpiante
de dineros mal habidos
para mí desconocidos
que no soy ciego ni tuerto
y no me doy por vencido
ni en la ANP ni en el puerto
voy a probar mi inocencia
con los fatos declarados
no averiguo procedencia
de los fondos procesados
siempre les vendo al contado
por eso el cuentabilletes
y le advierto a los soretes
del pasquín de La Galanga
“no se me hagan los langas
porque un blanco no perdona”:
a ustedes no les doy fiado
ni un billete e´redoblona
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| Aporte del Gurru |
de p.colorada- Está bien, mañana después de las cinco lo espero. Gracias.
Guardé el teléfono y me prometí a mí misma que ahora sí tenía que cumplir con todo lo anotado en la agenda para la jornada. Faltaba poco para el día de la marcha, y de todos lados nos estaban llamando para saber si era cierto lo de la noticia de Líber. La directiva de Familiares tenía normas bien definidas: mientras los antropólogos no lo confirmaran, todo seguiría siendo un trascendido. Una posibilidad, nada más. Pero quién sabe; tantas veces nos habíamos entusiasmado y al final todo quedaba en nada. Se seguía buscando y muchas veces terminábamos empantanados en pistas falsas, o en maniobras distractoras, por lo que era preferible no hacerse demasiadas ilusiones.
Claro, ahora tenemos los archivos. Miles de hojas para decodificar, detalles y fechas poco legibles, papeles amarillos que se quebraban en las cajas. Ahí había mucho de pista falsa, también. Los testimonios no siempre seguían una línea de coherencia; otras veces se repetían, pero con datos distintos, lo que sin duda mostraba que se registraba pensando en el después. Parecía que sabían que la cosa no era para siempre. El flaco Líber dos por tres nos lo decía a los más jóvenes, yo creo que para que no nos quebráramos:
- “Muchachos, acuérdense del viejo Martín Fierro: …no hay tiempo que no se acabe…”
- Que ellos aún sin estar, no son gente anónima, dijo el Vasco en la conferencia. Tienen y guardan identidad. Todos llevamos sus fotos, porque la lucha no es en vano. Alcanza con que los familiares lleguen a recomponer una historia, rescatando unos pocos restos secos y calcinados. Pero este año el acto podía tener algo que todos seguíamos esperando. De confirmarse la identidad del hallazgo, habría un nuevo cartel en la marcha con el texto bajo la imagen: “reencontrado”, o de vuelta a la vida, pero ya no de desaparecido.
Esa tarde llegué un poco más temprano a casa. Son fechas en las que las sensaciones se dislocan, y prefiero bancármelas a solas. Mañana tengo clase temprano, y a la vuelta del yoga voy a almorzar con mamá. Que no me olvide que a la tarde viene el plomero porque empieza el feriado largo y hasta la semana que viene no lo agarro. Y eso de no poder bañarme en casa desde hace cinco días me pone los pelos de punta.
Dura tarea quedaba por delante, todavía. Y Alicia y su gente que no aflojaban; menos mal. Son admirables, realmente. Cuando me avisó yo sentí que había mucho de certeza en sus palabras.
- Vos sabés cómo sigue la dinámica de este trámite ahora. Nosotros remitimos todo, y en Buenos Aires certifican. La tasa de probabilidad es alta, pero ellos tienen la última palabra. En un mes más o menos, sabremos.
Mujer corajuda esta loca, más de una vez lo he pensado. Nunca ha bajado los brazos, y si tiene que ir a patear escritorios, no tiene reparos. Siempre metida en el barro, días enteros removiendo tierra con una pala, tallando el suelo con una espátula y limpiando huesos con pinceletas. Los milicos en la entrada allá adelante, sentados cómodos en sus garitas, y ellos empapados bajo la lluvia o al calor de enero. Sin tregua.
Claro que voy a estar en la calle este veinte de mayo, como todos los años. Cada vez que el parlante grita un nombre y todos a la vez, esos miles de gargantas responden “¡presente!”, me contengo para no decir “yo también pude haber sido uno de esos carteles, y sin embargo voy caminando.” Siempre estuve; aún en la clandestinidad. Hice de correo, de enlace, cuidé berretines, vendí el semanario, me tocó estar en el asalto al casino, y hasta estuve en el intento de fuga de la cárcel de mujeres. Fue cuando la cosa se puso más dura. Todos los que se sabía que éramos dirigentes fuimos aislados, casi a pan y agua, sin libros ni salidas de recreo. Después de haber estado en la máquina durante un tiempo que nunca pude calcular y trasladada de una unidad a otra, aún en la celda sabía que, aunque no viera a los demás, los tenía cerca.
Tantos años después, las pesadillas no me abandonan. Y hay una parte de mi cuerpo que se resiste a olvidar, y la otra resistió mientras pudo. Pero las secuelas me han acompañado desde entonces. El brazo y la pierna izquierdos no van al compás del resto de mi cuerpo, y eso no es un trofeo de guerra del cual esté siquiera orgullosa. Los guardias me habían puesto “la renga”, y si bien al principio lo sentía como parte del martirio, luego comencé a familiarizarme con el apodo, ese que hasta hoy me distingue entre los compañeros. Allí sólo se escuchaban voces, órdenes, gritos, exclamaciones, insultos, ruegos, puteadas, promesas de todo tipo. Y esas bocinas al mango, esas cumbias de mierda que los hijos de puta pasaban por los parlantes como si se tratara de un cumpleaños. Pero la música que más me aterraba irrumpía cuando se dejaba de escuchar sonido humano alguno. Luego todo era portazos, ruidos de motores, y risotadas de tipos fumando al otro lado del muro.
- A mí me dejan la renga que yo ya la conozco-, decía uno con voz de barítono. Usaba la camisa prendida hasta el último botón y la corbata muy ajustada, supongo, tanto que se le notaba la dificultad para respirar. Hubiera dado lo que no tenía para poder correrme la capucha y al menos saber si era alto o petiso, gordo, negro o flaco. Por el olor a alcohol que traía encima y el perfume berreta que exhalaba, seguro que de un oficial de los grandes no se trataba. Chasqueaba a cada rato la lengua, como si le sobrara saliva en la boca al muy cerdo. Se hacía el macanudo y me aseguraba que ese día venía generoso, así que mejor le hiciera las cosas sencillas y el trámite iba a ser más breve.
- Total, vos sabés que acá los tenemos a casi todos, y si alguno todavía no llegó, es porque hemos sido demasiado blandos. Un poco más de cariño y seguro que se te enciende la memoria, flaquita… ¿Verdad que tengo razón? Es cosa de ajustar la dosis, hasta que canten. ¡Porque sin piquetes ni granadas, se les caen las boinas y los discursos a estos bolches! Sí señor, ¡hasta que canten...! De una buena vez: ¡hasta que canten!
Una camarada del pabellón de al lado que trabajaba en la panadería me dijo que para esa noche después del apagado de luces, se planeaba un aplauso masivo. Y que todos iban a pronunciar mi nombre en voz alta varias veces como se grita un gol en la hora, para felicitarme. Según supe, en una de las tantas visitas del animal jadeante, con una de mis patadas reflejo le volé un dedo. Debe haber sido cuando me desperté en la enfermería y la doctora me dijo que me habían tenido durmiendo allí durante dos días. No sentía dolor, ni bronca, ni miedo, ni nada. No sentía.
Fue duro saber que en represalia se habían llevado al Flaco. Y sin decir adónde. Era de los que estaban enteros, y se encargaba de levantarnos la moral a los demás. En una de las pocas veces que tuvimos el coraje de vernos y con la guardia distraída, me metió un cigarro armado en la alpargata, y tirándose al piso como que buscaba hormigas en el pasto, me dijo por lo bajo, – “No te lo fumés; abrilo...” Debe haber sido la última vez que lo vi. Luego se lo fondearon. En el piso todos nos preguntábamos qué habría sido de Líber. El teniente advirtió que sería la suerte de varios, si afuera la gente no aflojaba con las denuncias. Que el comando no iba a poder soportar tantos embajadores dando vueltas ni diputados yendo a la ONU con manifiestos. Ya bastante habían hecho con cazarnos a nosotros como para tener que estar dando explicaciones.
Al otro día nos juntamos algunos en el patio del fútbol. Hacía un frío de la puta madre y nos apretujábamos contra el muro para protegernos del viento. Fue cuando alguien me ofreció un cigarro y yo me acordé del mío. Marisa me dio fuego, pero le dije que no, que me lo guardaría para más tarde. Ahí mismo me di vuelta y lo desarmé. Yo sabía que el Flaco era medio poeta. Un pelotudo poeta, se proclamaba. Pero nunca había leído nada suyo. Dejé caer el tabaco y limpié con los dedos la hojilla manchada.
“Deja que los pájaros regresen / déjalos volver en primavera/ déjalos posarse en tu ventana/ míralos volar/ hasta que canten…”-, decía con tinta azul desvaída. Toda una proclama; un trovador el tipo. Por un momento pensé en regresar y mostrarlo a los demás. Pero nunca se sabe; capaz que la próxima levantada era yo. Me lo metí en la boca, lo mastiqué un buen rato, y me lo tragué despacio. Sentía el aletear de esas palomas del Flaco en mi barriga. Era un buen presagio.
Mamá sigue teniendo la misma mano para los ravioles, aunque la salsa no le queda tan bien como la de la abuela. Estando en el cuartel siempre temí no volver a probarlos. Ahora es cosa de casi todos los meses. Desde que dejé de comer carne me acaparo los de espinaca y ricota. Hoy me parece que se me fue la mano, por eso preferí dejar el postre para otro momento. Muero de frío, así que me haré un tecito y aprovecho a revisar la noticia en el diario metida en la cama, esperando por el sanitario. Había fuertes indicios; ojalá.
- ¿Ana María? Soy Julián, el plomero. Quedamos en que venía hoy por lo de su calefón.
- Ya le abro. Suba nomás y pase. La puerta está sin llave y yo estoy ocupada.
Seguí en lo mío. Si era cierto, se terminaba de certificar todo. Me temblaba el cuerpo entero, y un zumbido me tapó por un rato los oídos. El Flaco llegaría finalmente e iba a estar con nosotros en la multitud. No sabía a quién llamar primero, no podía elegir un orden de prioridades, y además seguro ya todo el grupo estaría al tanto. No era una primicia; pero sería lo más importante que me sucedería en mucho tiempo.
- ¡Permiso! ¿Cómo anda Ana; qué cuenta? ¿Otra vez tiene problemas con este asunto? La vez pasada lo había dejado andando. Para mí que este edificio tiene problemas de presión, nomás. Aunque ya no está en garantía no es tan viejo, y los tanques de cobre se dice que son para toda la vida. Lo voy mirando mientras espero a mi ayudante que viene con las herramientas. Es nuevo en el rubro y hoy justo es su primer trabajo conmigo. Hay varias calles cortadas. Le dije que me dejara y fuera a estacionar donde pudiera.
No le doy mucha pelota. No puedo más de la alegría anticipada. Me mareo mientras de ojos cerrados lo recuerdo a la carrera cuando fuimos a volantear a la estación y los canas nos vieron. Él conocía las calles de memoria, y nos mandamos por la esquina de Rodó hasta llegar al comité. Fue la vez que nos miramos bien de cerca, sin decirnos nada nos apretamos un rato largo y nos dimos un beso cortito. Después se fue, pero ahora estaría de vuelta. ¡Qué ganas de volver a abrazarlo! Mejor llamo a mamá y de paso le pregunto si quiere acompañarme a la marcha.
- Ana María, es el Goyo. Está abajo. ¿Le abre usted o voy yo?
- No, deje que yo lo haga, le digo al plomazo este que me vuelve a sacar de foco. Abro en modo automático y me hago a un lado porque el gordo se llevaba todo por delante con su cajón. Trae un perfume nauseabundo y viene chorreando agua en la frente. – Adelante, venga. El baño está a la izquierda.
- Che, Julián. Traje las cosas, pero no cargué el soplete, ¿viste? No iba a poder con todo, porque dejé la Combi como a tres cuadras. En las vidrieras de la vuelta estaban dando el informativo por las teles. ¿Sabés que decían que habían encontrado un desaparecido? Me lo quedé mirando al loco en la foto de la pantalla. No sé por qué, pero le encontré cara conocida. ¿Ya ubicaste el problema ahí?
Salté como golpeada por un rayo. Era nomás. Fui hasta el hombre que hablaba de lo más importante, como una noticia cualquiera. En un rato iban a empezar a sonar los teléfonos y a llenarse los grupos de mensajes.
Había algo en esa voz que me removía. La memoria me agarraba de los pelos y me tiraba hacia atrás en el tiempo; me revolcaba. Se secaba el sudor con la mano derecha. Entonces vi que le faltaba el pulgar. Justo cuando me paro en el marco de la puerta, pega una media vuelta dándome la espalda y no me deja ver más allá de sus hombros.
- Goyo, cuando te avise abrís el agua de la ducha. Creo que acá hay algo que filtra, pero no puedo ver bien. Pasame la linterna y el alicate negro. Voy a ir tocando por tramos para ver por dónde pierde. Buscate el teflón en la mochila.
No puedo pensar. Me cuesta darme cuenta. Por un momento creo que esto no está sucediendo. Que no estoy en mi casa. Que es el piso que se abre y me traga y ya no escucho; me pierdo. No reacciono.
- Voy a abrir el agua caliente y vos me avisás. Andá tanteando con la Stilson que estos caños son duros y se nota cuando están perforados. Dale nomás hasta que suenen. Como decíamos allá, en mi otro laburo: “hasta que canten, Julián. Hasta que canten…”
Corrí como una loca y me encerré en el dormitorio. El pasado me perseguía y parecía no querer darme tregua. Mi corazón iba a mil, y las pastillas las había dejado en la cocina. No, no podía estar ocurriendo. Era un delirio. Siempre había pensado que algún día el tacho me iba a pasar la cuenta, y para toda la vida. Seguro me estaba atacando ahora; justo hoy, y en esta fecha. Me meto en la cama y me tapo la cabeza con las sábanas y un instinto potente me advierte que no lo haga, que no me ahogue. Hubiera sido mejor gritarles que dejaran todo como estaba. ¡Julián, no me importa el calefón!¡Dejalo como está! ¡Fuera! ¡Váyanse a la mierda! ¡No, otra vez no…!
Me despierto empapada de sudor y con la ropa puesta. La taza por la mitad, y el diario desparramado en el piso. ¿Cuánto hacía que dormía? ¿Qué horas serían? ¿Habrá venido Julián y no lo escuché? Si me avisaron algo de Familiares, tampoco supe. Puta mi maldita costumbre de dejar el teléfono en silencio. Agudizo el oído, y no escucho hablar a nadie. Una absoluta quietud. Como un autómata me levanto directo al baño. Está igual que siempre. La gotera me sigue espiando allí escondida, en alguna parte. Fue la ducha más fría de mi vida.
El viernes veinte, como cada año desde hace tanto, otra vez fui a la marcha. En esta ocasión todo era distinto, hasta porque mamá se animó a venir. Sentía el temblor de las palomas del Flaco Líber en las tripas. Un rato antes de salir levanté la pancarta con su foto y debajo le escribí con un crayón en letras rojas: “Seguiremos marchando. Hasta que canten.”


-
El protagonista rememora sus años de juventud en Montevideo (mencionando las calles Gaboto y Paysandú), describiendo su vestimenta de gala con bastón, galera y polainas, lo que le valió el apodo de "Barba Azul" en el conventillo. El mensaje central de la milonga radica en la rectitud y el pacifismo, lo cual lo distingue de los Guapos Linares y Bermúdez. Es más, el tipo aclara enfáticamente que nunca usó armas ("nunca me gustó apretar el resorte de un gatillo, ni jamás usé cuchillo para hacerme respetar"). Sus disputas con otros guapos ("taitas") jamás fueron por mujeres ("paicas"), sino estrictamente para defender su dignidad.
sal de ahí, Febrero, Febrero
sal de ahí, de ese lugar
sal de ahí Febrero, Febrero
sal de ahí, de ese lugar
vamos a llamar a los blancos
para sacar a Febrero
los blancos no quieren sacar a Febrero
Febrero no quiere salir de ahí
sal de ahí, Febrero
sal de ahí, de ese lugar
sal de ahí Febrero, Febrero
sal de ahí, suplente de más
vamo´ a llamar al Ojhete
para asustar a los blancos
Ojhete ahora es blanco, ya no es colorado
ni a 190 de Carpintería, es primo de Shirley
socio de Garch-Cía y puso un gimnasio
a medias con Antía atrás del senado
Sal de ahí Febrero, Febrero
sal de ahí de ese lugar
sal de ahí Febrero, Febrero
sal de ahí, ¡no sos titular!
Antía no quiere sacar a Febrero
Febrero se cree que está en el palacio
Gracruela les dice que ni fu ni fa
que tuvo a Febrero allá en el Bauzá
Febrero no quiso estudiar ahí
sal de ahí, Febrero, Febrero
sal de ahí de ese lugar
sal de ahí Febrero, Febrero
por el Tano de la Mondiola
Llévele ese pollo al maistro.
Un temazo de Rada, poco conocido.
Es que pertenece al disco Ruben Rada y Conjunto S.O.S. (o Sonido Original del Sur) es el segundo álbum solista del Negro Rada (el primero fue Radeces con Julio Frade), una verdadera joya grabada en 1974 en los estudios ION de Buenos Aires. Es el eslabón perdido que conecta sus bandas anteriores (El Kinto y Tótem) con la vanguardia de la música rioplatense, metiendo una mezcla tremenda de candombe, rock progresivo, funk y jazz.
A pesar de haberse registrado en 1974, la obra no vio la luz hasta el período comprendido entre 1975 y 1976. Eran tiempos complejos bajo el régimen dictatorial, un contexto que llevó a los sellos discográficos a reducir sus operaciones y a censurar diversas composiciones para evitar represalias. El público había tenido la oportunidad de escuchar este y otros temas a través de la radio, aunque su rastro se me había perdido por completo hasta el día de hoy. Pensando en que a alguno de ustedes le hubiera sucedido lo mismo, lo traje.
El Negro se mandó un viaje musical de novela, metiendo la base del candombe uruguayo a convivir con el funk y el jazz-rock que estaban pisando fuerte en el ambiente. El disco es un viaje sonoro con mucha percusión, vientos potentes y teclados al mango. El grupo S.O.S. era una aplanadora de jazz-funk que tocaba fijo en el Sheraton de Buenos Aires. Rada se les unió y armaron un seleccionado tremendo: Héctor "Finito" Bingert en saxo (un compatriota uruguayo descosiéndola). Gustavo Bergalli metiendo magia en la trompeta. Luis Cerávolo dándole duro a la batería. Héctor Cerávolo al mango en los teclados y piano. Conny Söderlund en viola y Bo Gathu en el bajo. Lo pueden encontrar en Spotify y, para los que no estén abonados, lo encontré también en YouTube.
Es justo reconocer que la propuesta no llegó a consolidarse en el gusto popular. El contexto favorecía a las canciones de narrativa explícita y complaciente antes que a la experimentación musical. Como bien recordaba Rada en La Diaria al rememorar un diálogo con Don Alfredo, la atención estaba puesta en el cancionero de consignas básicas —la libertad, el amanecer, el camino— y no en el desarrollo artístico de creadores como Mateo o él mismo.
Y el Negro se tuvo que volver a ir.
En La Galanga nos pusimos trascendentes. No sólo hablamos de política - alta y baja -, de historia, de fóbal, de Medicina, de narrativa o puemas satíricos, del caballo de Troya, de recetas para el amor perdido; o el tan buscado. Hoy llamamos a nuestra mesa de redacción a nuestros filósofos, e hicimos una tertulia del devenir. Y el ser.
Y nos pusimos etimológicos. Tiramos como idea generadora una palabra, y sólo con eso se armó tremendo debate. Más duro que el conflicto por los aguinaldos históricos que la dirección no reconoce y el MTSS ignora. Y como justo esa cartera se acaba de dar la vacuna contra el anunciado decreto, so pena de amague de renuncia….
Aquí la versión taquigráfica de las ponencias, luego de la apertura por parte del redactor en jefe.
Esencia, del latín essentia: la naturaleza o cualidad fundamental de algo.
+El puerto es esencial
+El aeropuerto es esencial
+La UdelaR es esencial
+Que la gente tenga trabajo digno es esencial
+Que los gurises vayan a la escuela es esencial
+Que no haya cárceles como infiernos de Dante es esencial
+Que la gente no delinca, y por tanto no baje a tal averno es esencial
+Que no haya compatriotas durmiendo, comiendo y muriendo en las calles es esencial
+Que el salario alcance para llegar a fin de mes es esencial
+Que nuestros niños nazcan y crezcan en hogares sin privaciones es esencial
+Que algunos parlamentarios dejen de ofender nuestra sensibilidad por X es esencial
+Que no tengas que andar por la calle huyendo de la paranoia de la inseguridad es esencial
+Tener derecho a un par de semanas de descanso al año es esencial
+Que el acceso a la salud pronta y de calidad sea esencial
+Que ir al cine, al teatro, salir de viaje o cambiar tu auto no sea un raro privilegio.. Que sea esencial
+Tener derecho al agua para todo uso y sin limitaciones es esencial
+Un techo propio es esencial
+Abrir los ganchos ante los desafíos de la ultraderecha es esencial
+ Poder ejercer el derecho al voto libre y desde cualquier parte, es esencial
Y podríamos seguir enumerando. Pero abrimos el hilo para que la legión de sentilectores siga engordando la lista
Haciendo votos porque leer La Galanga sea declarado esencial, claro
Espacios de actividad física, cultural y lúdica es esencial. Tiempo suficiente para realizarla.
Ana María Etchessarry
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El amor es esencial!!!!
Anónimo
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El respeto es esencial. La ética es esencial. La educación de calidad que no deje afuera a nadie es esencial. No permitir más las mentiras es esencial. Combatir la corrupción es esencial.
Giulia, la Tana Yorugua
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El respeto es esencial
La ética es esencial
La educación de calidad y para todos es esencial
La empatía es esencial
La compasión es esencial
La solidaridad es esencial
La honestidad es esencial
La lucha contra la corrupción es esencial
La lucha contra las drogas es esencial
La buena gente es esencial
Giulia, la Tana Yorugua
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Lo esencial es honrar la vida. Gracias Flaquito....!
Giulia
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Que no perdamos la memoria y sigamos buscando nuestros desaparecidos es esencial.Que siga existiendo La Galanga es esencial.
Lucía G.
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Me ganaste de mano en el remate poque iba a agregar: "que el Flaco nos informe con humor es esencial"
Anónimo
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Se declara que es esencial leer la Galanga !
Jaqui
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Excelente 

Gracias por estar en todo con La Galanga!!
Esencial.
Ana