El autodenominado Director
La galanga
In Ivernum qualqum soreteae fiumo expelent
galanga (diccionario de la real Academia Española)
3. f. Bacín plano con borde entrante y mango hueco, para usar en la cama.
lunes, 2 de noviembre de 2026
Carta al Diretor (96)
El autodenominado Director
domingo, 1 de noviembre de 2026
Garoto de Ipanema
por el Flaco
el Cenador viajó a Brasil apoyando al Bolsonabo
guardó la cola en el rabo, se le acabó el triunfalismo
metió clases de cinismo y haciéndose el macanudo
con un jabalí peludo montado en la camioneta
se mandó una morisqueta y dibujó un 22
el Diablo le dijo a Dios :
“como con los tres chanchitos
mandá al lobo por la estufa” y
el Flato declaró a Globo : ¡perdí por el negro mufa!
hizo la L del Pompa , tomó caipira y bailó zamba
pensó que era flor de ganga, como jugar y cobrar
a la playa fue a bardear diciendo que era uruguayo
¿vocé é un garoto mulato que vino a apoyar ao Flato?
yo estoy pa´ayudar al Bolso, esa es mi noble misión
hasta le traigo un avión de parte del honorable
por si no le es favorable, saldremos a denunciar
que no hemos venido al pedo
ojo con el nueve dedos que sólo sabe robar
los queremos rescatar con mi amigo Mar Tin Flema
pa´salir en ZIN TV : los dos langas de Ipanema
sábado, 31 de octubre de 2026
Cuando Flavio rajó con la cola entre las patas
Lo Comentario Sinternacionale
por el Tordo (con los debidos respetos a El Pulga)
Yo creo que uno, un suponer, nunca está preparado para las más mejores noticias felice ni para las piores que se te ocurran. Cuesta creerlas tanto pa'rriba como pa'bajo.
Y cuando lo sabre las cosa sempiezan a cambiar.
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Jair.
Flaco
viernes, 30 de octubre de 2026
Un día de playa
por Odoacro
García miraba el crepúsculo sentado sobre el saco de su único traje presentable. La playa, su playa, estaba invadida por turistas que fingían ser felices, o quizá creían que eso era la felicidad.
Había dado libre albedrío a sus pies que lo llevaron hasta allí mientras su cabeza buscaba ordenar el caos que la nublaba. En las escasas dos cuadras que iban desde la casa de sus padres a la playa había repasado su vida. Sabía que no solo su padre, sino -con diferentes énfasis-, todos los que lo conocían, lo consideraban un cínico amargo que odiaba la vida, un suicida perezoso. Él buscaba vida donde otros ven sordidez, mugre. Añoraba los prostíbulos del bajo, las hediondas camas calientes, los mostradores sucios que sostenían los codos de queridos borrachos.
Sentado en su saco, devolvía fastidiado las miradas que desde cuerpos semidesnudos se asombraban al ver una figura de camisa y corbata. Esa playa que había sido suya en la infancia, ahora era hollada por un montón de pies invasores.
El cielo arrebolado pintaba de morado las sombras estiradas. El mar llegaba con parsimonia a la orilla, la acariciaba y se retiraba como disculpándose por su osadía. Céfiro ponía lo suyo: su caricia cálida era otra trampa en la escenografía del infierno. Distraído, llenó su mano de arena y la miró escurrirse entre los dedos. Recordó el reloj de arena sobre la chimenea en la casa de veraneo. Desde niño nadie se había animado a darle vuelta. Su padre había prohibido tocarlo; odiaba ver caer el tiempo. Ahora que él ya no estaba, entendía ese sentimiento. Dar vuelta el reloj es el engaño más absurdo que podemos hacernos.
Lamentó haber bajado a la playa; lamentó haberse sentado a esperar… nada, recordando cada uno de los pasos sobre el sendero de pedregullo del cementerio.
Lo mordían las palabras que ya no podría decir y las que había dicho.
García detestaba los ocasos, en particular ese ocaso. Detestaba esa metáfora de la muerte. Lo enfurecía la farsa: volvería a salir el sol; Sísifo daría vuelta el reloj de arena, engañando a Tánatos.
El sol cayó al agua finalmente y una salva de aplausos lo tomó por sorpresa.
Los bañistas aplaudían eufóricos, cruzando sonrisas. Los miró asombrado y subió la apuesta:
Se volvió hacia la masa de felices idiotas y gritó haciendo palmas: ¡Otra, otra! ¡Una más y no jodemos más!
Levantó su saco, lo sacudió y se marchó sin esperar.
Comentarios
Excelente Odo! Excelente.
Yamandú Cuevas
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Muy bueno.
Ana María Etchessarry
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¡ Qué fuerza trasmite ! Excelente .
Gabriela Playa Verde .
jueves, 29 de octubre de 2026
Los 100 años y Qué vachaché
"Qué vachaché" es un tango compuesto en 1926 por el célebre autor argentino Enrique Santos Discépolo.
Excelente interpretación
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Anónimo
miércoles, 28 de octubre de 2026
Y todo a pulmón
por el Flaco
(seria argumentación de salud
para fundamentar costos de viaje)
finalmente viene el papa
esta vez es Don León
parece que viene en serio
tuitearon del presbiterio
con alguna condición
en Florida hay gran revuelo
la curia ya lo advirtió
la está cagando el Menciso
que instruido por el Narciso
fue y pidió una comisión
en Paysandú no hay problema
dijo el caudillo Oh Livera
si la iglesia se acogiera
a mi ley, la de exención :
habrá papamóvil gratis
en régimen de importación
la nafta a precio de argentos
e IVA con exoneración
están calientes en Melo
es muy grande el desconsuelo
porque hay chorizos de clavo
por culpa del Papa eslavo
el del apellido raro que
los plantó hace unos años:
se fundió la barométrica
porque nadie meó en el baño
EsBurla tiene un problema
y es un tema de finanzas
ya que la plata no alcanza
y ta´ flaca la colecta
los gastos que se proyectan
no son un tema de estado que
no va a hacer ningún mandado
poniendo cruces ni velas
en las casas ni en escuelas
no somos laicos al cuete
declaró Andy el Ojhete
que lo trate el gabinete
del YOrsi en una reunión
este país es muy caro
pa´peor lleno de paros
asambleas y discusión
vayan, díganle al Preboste
que asuma parte del coste
si esto nos sale un riñón
que se ponga con los gastos
así le cueste un pulmón…
Comentarios
Ay ay Flaquito, no vas a ir al Cielo escribiendo esas cosas mijo !!
Enrico
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ajaja parece que viene pero la verdad que casi hacemos la segunda parte de la película El baño del papá
Andan haciendo colectas para pagar los gastos jajaja -
Veru
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La Galanga !!!
BLOG pobre, pero Honrado.Dijera el Gran Condorito !!!
Carlos del Prado
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Me hiciste acordar a la peli del Baño del Papa… no podes Flaquito!!! Jajajaja-
Bea
martes, 27 de octubre de 2026
El pescadito azul
por Yamandú Cuevas
Ese pozo es un misterio.
Uno nunca sabe cuántas cosas puede haber allí. Cada tanto hay episodios estrafalarios
en los que un martillo invisible o una pedrada anónima nos golpea fuertemente
en la cabeza y nos genera una conmoción que por algunos milisegundos nos atonta
y nos transporta a uno de sus recovecos más extraños del que extraemos,
rescatamos, salvamos, uno de esos recuerdos que a veces, como en el caso del
pescadito azul, es un juguete que, si no fuera por ese impacto, nunca
hubiéramos vuelto a recordar. Ojo, en el pozo no sólo hay juguetes, también hay
olores a torta de mandarina, sabores a buñuelitos de vinagre, imágenes de
primeras novias, caras de mejores amigos de la escuela, colores de chalecos de
lana preferidos y un sinfín de cosas imposibles de detallar. Principalmente
porque hoy de lo que quiero hablarles, es del pescadito azul.
Porque no era uno
cualquiera sino uno que volaba, era de goma y tenía un chifle ridículo que
sonaba cuando se lo apretaba con cierta violencia. Volaba de las manos de
Mirtha Julia a las mías y de las mías a las de Mirtha Julia una y otra vez, hace
unos veintidosmil días atrás, en la playa de las islas con aerocarril y del
cine auditorio con bancos de cemento que te marcaban las piedritas en la
espalda, cuando Mirtha Julia era joven y llevaba una bikini naranja con lunares
blancos y yo temblaba como una vara en la orilla.
Aquella playa de todo el
día con refuerzos de mortadela y cocoa en la canasta era famosa por sus olas
altas y bravas que podían engullir a niños desprevenidos y en un santiamén
hacer desaparecer barquitos, pelotas, baldecitos y lloradísimos pescaditos azules
con chifle ridículo incluido.
Ayer, en el encuentro en
el club Playa Verde, las antropólogas de la comarca se pusieron a hablar de la
memoria del mar y yo sentí uno de esos golpes de martillo invisible que te tiran
de cabeza al pozo y la inconfundible conmoción. Al salir me di cuenta que el
pescadito azul nunca se perdió, que está en mi memoria desde el principio de
los tiempos trayéndome el olor de los mejillones de la orilla, el de las algas
verdes, el de la bolsa del kilo de bizcochos, las diferentes texturas de la
bikini naranja con lunares blancos de Mirtha Julia, el brillo de su pelo negro mojado
por el mar, la redondez de las gotitas de agua sobre su hombro confundiéndose
con mis lágrimas de desconsuelo por aquella primera pérdida con forma de pescadito
azul.
Escrito por Yamandú Cuevas en el taller “Memorias del mar”, Club Playa Verde, jueves 22 de octubre de 2026. Organizado por Antropólogas de la Comarca y la Comisión del Club Playa Verde.
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sábado, 24 de octubre de 2026
Cometa de La Tachona
por el Flaco
hay olor feo en la corte del lado del Honorable
el jedor insoportable dice que hay algo podrido
de inmediato tres o cuatro se dieron por aludidos
jugándose un ofendido y amenazando a penales
saltaron los mariscales de bombacha, poncho y boina
porque avisaron ¡hay coima! y ellos estaban dormidos
unos ángeles ungidos, son todos puro candor
lo aprendieron con el Jaime, tira
que tira y trepa con la cometa se fue mi amor
saltaron como pelota con la teoría remota
de que Preve y fiscalía le tienen bronca
a Garch-Cía, Mr Burns el intachable
militante impresentable de la teoría del odio
que compite en ese podio
con la Shirley, Gracuela y Ojhete
(y) cientos de trols que están al cuete
posteando bosta en las redes
Merijul la clavó al ángulo
con un toque y dos paredes
y enloqueciendo a la hinchada
aunque aclaró que
“eso dicen, porque por suerte
por suerte toy jubilada”
unas ostias consagradas, son todos puro candor
lo aprendieron con el Jaime, tira
que tira y trepa con la cometa se está mejor
heridos en el honor pretenden batirse a duelo
“nos causa un gran desconsuelo que
nos acusen de todo”
la Merijul bajó al lodo, que se consiga un padrino
nosotros no le pedimos una cometa a Mardama
nos tan haciendo una cama con lo de
las patrulleras, esta doña candombera
supo estar en el gobierno, y ahora nos manda
al infierno tratándonos de coimeros
solamente recogemos lo que la patria nos dona
y se puede acreditar: ofrendas en La Tachona
del que “pasó a gobernar”
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Giulia la Tana Yorugua
viernes, 23 de octubre de 2026
Domingo antagónico
por Caperuza Rebelada
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Visto desde acá, de allá
O de acullá
Siento que comparto con muchos
Que en está elección
En juego
Parte de nuestra vida va..
Acá y acullá !!!
Arriba La Galanga metiendo fuerza !!!! Vamos que vamos !!!!!
Anónimo
jueves, 22 de octubre de 2026
MISERIA
Por Tano de la Mondiola
A los siete años, el mundo entero cabe en una radio a transistores. Esa Mitsubishi de 6 transistores que me habían traído los Reyes y arrimaba a la oreja para escuchar al armenio por Radio Independencia.
Y de golpe, el anuncio: "Miseria" por los Beatles.
La infancia tiene esa literalidad hermosa, decíamos hace un par de semanas. Pero en este caso la idea que me hice fue la literal, la acepción de ese vocablo: miseria, penuria económica, privaciones. La Misia Dura del tango (y la del Popu). Enfin, lo que había en Uruguay, como cantaron Dino, Alfredo y Días de Blues.
Pero los Beatles no le cantaban a eso. Era la mina que se fue (el objeto de la canción). Es que aquello fue una de las tantas burradas de traducción literal que las bestias que editaban los discos en el Sur cometían con frecuencia. Misery, en inglés, refiere a infelicidad, tristeza. ¡¡Qué temón!!
Es el segundo tema del lado A de Please Please Me, el debut de Los Beatles y se grabó la tarde del 11 de febrero de 1963, un día histórico por lo productivo. Querían capturar la esencia de un vivo en el Cavern, pero lo hicieron en los estudios EMI de Londres. Para simular ese ambiente, los ingenieros alejaron un cacho los micrófonos de los equipos, aprovechando la acústica del lugar, algo que en esa época era un arte. El problema fue que la mezcla estéreo original repartió el sonido de forma muy artificial: las voces a la derecha, el bajo y la batería a la izquierda, y el centro quedó como un agujero negro.
Uno eso no lo sufrió hasta mucho tiempo después. La única fuente solía ser la radio AM. La mía era esta a la derecha.
Y como contaba en otras, el disco en Uruguay era mono, a prepo. Un bajón que no les hacía justicia, ni el mono, que era más bien un gorila, ni el estéreo.
Este nuevo remix logra un audio mucho más natural: la voz principal se planta firme en el centro y las armonías van un poquito a la izquierda. La batería y el bajo también se centraron para darle tremenda base al tema. Las guitarras de George y John quedaron en sus lugares originales, cuidando a full el eco natural de las paredes del estudio. El piano, que grabó el productor George Martin unos días después, lo puso apenas corrido a la derecha. Lo curioso es que Los Beatles no pensaban cantar este tema. John y Paul lo escribieron para Helen Shapiro, una minita de 16 años que salía de gira con ellos, pero sus productores lo rebotaron por ser muy "p' abajo".
Ponete unos auriculares decentes, dale volumen a 8/10.
Hoy no reparo en gastos y les traigo, además, tomas de estudio previas. Verán que el adorno del piano ya estaba creado por George en viola.
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Ahora, el mate del George... grandecito, no?
Gracias Tano!
martes, 20 de octubre de 2026
La gripe que trajo el verano
por el Flaco
Ir a Punta del Diablo todos los años un par de semanas de vacaciones en verano es vital para mí. No sólo por hacer un poco de playa, tener tiempo para dormir y leer a gusto, sino porque significa volver. Regresar, aunque más no sea por poco tiempo. El suficiente para saber que uno nunca ha terminado de emigrar y porque tiene ese reflejo de pertenencia que al cabo del segundo día te da a entender que nunca te has ido, que siempre has estado. Es tan querible sentir la humedad cuando te golpea en el pecho al cruzar las puertas del aeropuerto, como recorrer avenida Italia hacia el centro en busca de los afectos. O revivir las sudestadas que agitan la costa dándote la bienvenida a un paisaje que uno se ha llevado en la maleta entre ropa, yerba y papeles.
El plan cada año suele ser más o menos el mismo: una breve estadía en Montevideo para estar con familiares, y ver a colegas y amigos que comilona de por medio te comprometen desde mucho antes de llegar, so pena de tener que escuchar algún reproche un tanto velado. O indisimuladas acusaciones de ingratitud por una hospitalidad defraudada. La agenda nunca alcanza, e inexorablemente te volverás con la promesa de que “en febrero que viene sí, sale “. O “- ¿qué van a hacer en carnaval? Capaz ahí podríamos pasar a verlos y hacemos algo…. “La mitad de quienes saben que estuviste, pero no viste, se pueden declarar legítimamente despechados. Total, que más que vacaciones, amenazan con convertirse en una maratón de reuniones, trasnoches y sobremesas entre cuentos, recuerdos y abrazos bien apretados.
Después sí, la desconexión, luego de tres horas por la ruta y declarando la bajada a la playa como prioridad, y el parrillero como lugar de culto. Nada más; lo necesario. Ese universo compartido y al mismo tiempo reservado es la recarga de energía para el resto del año. La grandiosidad del paisaje, el cielo pinchado de estrellas por las noches, el rumor del océano a la distancia, el aire perfumado que sopla en bocanadas y ahuyenta el calor, todo eso hace que cada año la cita sea impostergable.
La pandemia nos privó de un par de veranos de esos, pero en cuanto la cadena sanitaria comenzó a aflojarse, ese año reinauguramos la sagrada costumbre. No solamente había que estar vacunado para poder comprar pasajes; todavía se practicaba el hisopado para salir o regresar, aunque a esa altura en forma aleatoria. Así y todo, necesitaba estar, sentir el olor a la paja del techo del quincho mojado por la lluvia, cruzar la arena para llegar al agua, y seguir con el libro que cada año elijo especialmente para sellar el disfrute.
Luego de algunos días de tormenta matizados con mucho sol, ese que todo el mundo aplaude cuando se oculta en el fondo, una tarde comencé a sentir que el cuerpo me pesaba como si fuera doble. No tenía apetito, apenas probé un poco de agua y sin cenar me fui a la cama deseando dormirme como por una semana. En la madrugada me desperté transpirando, el dolor de cabeza era muy grande y la cama y yo temblábamos al mismo tiempo.
- ¡Qué joda! Debo tener fiebre, me dije medio dormido. Seguro tomé mucho sol esta mañana- Fui al baño y a la vuelta me mandé una aspirina buscando conciliar nuevamente el sueño. Todavía estaba oscuro y a lo lejos las noctilucas formaban una guirnalda que bailaba sobre la espuma del mar que, aunque no veía, podía escuchar yendo y viniendo- Mañana, con fiebre y todo igual bajo a la playa. Nos quedan un par de días y después en Santiago no voy a tener nada de todo esto más que en las fotos.
Me desperté como a las nueve, y a decir verdad, medio atontado, pero sin calor en el cuerpo, lo que seguro me permitiría cumplir la promesa de la noche previa. Sentí a mi mujer en la cocina en el piso de arriba, quien como acostumbra se dedicaba a armar el desayuno, así que me di una ducha y subí. Tenía apetito, no mucho, es cierto, pero desde el día anterior que no comía, por lo que el ayuno prolongado bien valía unas tostadas con manteca, un café con leche y un jugo de naranja de verdad, fatto in casa.
- Buen día ¿estás mejor? Anoche parecías un mamado: hablabas soñando, te quejabas del calor y no parabas de temblar; me tuve que venir al sofá de tanto que saltabas- me largó a modo de saludo- Ahora comete algo, pero mejor no bajemos, mirá si te insolás y arruinamos lo que nos queda de estadía. Colé café, pero compré otro, no es el de siempre. Vos que insistís con el granulado brasilero, yo te confieso que no le siento gusto a nada.
-Dale gracias; sí estoy bastante bien. Me sentía como apaleado, tenía unos chuchos de frío que no podía gobernar. No me di cuenta de que me habías tapado, porque no sé en qué momento me quedé dormido. Dejá que yo me sirvo; lo prefiero con más leche y apenas un chorrito para darle color ¿No hiciste tostadas con el pan de hamburguesas que quedaron del mediodía? Eso lo aprendí de mi abuelo, don Juan: no hay pan duro, hay dientes flojos.
- Sí, las tengo en el tostador. Esperá que voy y mientras pisate esta palta. No hay caso, el sabor de las chilenas es inmejorable. Las paltas uruguayas tienen gusto a agua, aunque el pobre Gustavo yo sé que la fue a arrancar con especial cariño para agasajarnos. Si me escuchara creería que soy una desagradecida, o que la nueva vida me cambió los hábitos: dónde se ha visto desayunar con huevos revueltos y aguacate, como decía mamá.
- Sin embargo, este cafecito sabe bien, y el huevito está muy rico ¿Qué tenés pensado para comer al mediodía?
- De almuerzo todavía no sé, pero aprontate que te tengo una noticia. Anoche cuando te fuiste a la cama me llamó Mariana. Me preguntó hasta cuándo estábamos y que de parte de Guillermo te manda a decir que lo vas a tener que ir a regar porque ya van dos veranos que lo dejás plantado….
-Uh! Es verdad, tienen razón, pobres. Pasa que siempre han surgido otras cosas, o se larga a llover, o subimos tarde y después, yo los conozco, nos volvemos a las cuatro de la mañana. Me acuerdo que la última vez le avisé sobre la hora y quedó tan caliente que me dijo que iba a poner un puesto de choripanes en la esquina, de la cantidad que le iban a quedar de clavo. Qué sé yo, yo los quiero mucho, pero vos viste cómo son. Comen a cualquier hora, abren ocho botellas de vino para cuatro personas, con Guillermito no hay interacción, está todo el tiempo colgado al PlayStation y la nena, bueno, cada vez que la hemos visto tiene un drama nuevo. Pobre Mariana, la sentís allá en la cocina picando lechugas y discutiendo a los gritos con la hija. Te confieso que si podemos, prefiero zafar de nuevo, total después le hago una video llamada y no me queda sentimiento de culpa ni nada de eso.
- Me dijo que alquilaron en La Pedrera, y que esta vez no va quedar pagando porque si no tenemos planes, esta noche se vienen y el anfitrión vas a ser vos. Están cerca y en menos de una hora podrían llegar, y después de todo son de los amigos que nunca te han fallado, no seas ingrato. Leña tenemos, yo hago unas ensaladas, le digo a Mariana que traiga un helado y listo. Whisky suficiente no sé si nos queda ¿Sabés que anoche durante tu delirio me serví uno en la terraza y lo sentí más suave? ¿Es el mismo ocho años que compraste en el aeropuerto, es otro o es el legítimo y le habré puesto mucho hielo?
Yo también había pensado lo del whisky; no olía a cedro ni a maíz o vainilla.
-Capaz nos vendieron uno trucho, porque creía estar tomando agua con sabor, no un escocés, insistió ella. Y esta noche vienen aquellos, pero bueno, en todo caso servimos vino y con eso alcanza. A Guillermo, vos me has contado, siendo en una copa y bien fría, hasta el agua bendita le parece un manjar.
Volvimos de la playa un rato más tarde. Estaba nublado, por suerte, pero así y todo me divertí un buen rato corriendo olas. No me importó mucho no estar en el mejor estado, ni del más plácido humor. Son de los privilegios que por ahora no tienen impuesto: la sombrilla, las sillas, el mate entre los dos, bizcochos con dulce de membrillo, y otro chapuzón antes de subir cruzando las dunas. Todos los días me digo que de buena gana las traería en el avión y las cambiaría por la cordillera. Es hermosa, ojo, a mí me gusta, pero si venís volando el capitán no te diría “permanezcan sentados con el cinturón abrochado que nos aprestamos a cruzar los arenales de La Viuda y puede haber turbulencias...”. Una vez más fantaseaba con eso mientras saboreaba mis labios limpiándome el bigote con la lengua. El agua estaba tan salada como de costumbre, le dije a María. Ella no había notado lo mismo, todo lo contrario. Pero como no es adicta al mar, pocas veces la prueba como yo, que cada verano embromo con que me van a salir escamas. Acerca del mate la escuché comentar algo similar que no terminé de entender, porque una ráfaga de viento con arena me obligó a protegerme la cabeza con la camiseta.
- Qué hacés Flaquito? ¿Todo bien? Me dijo Mariana que te la jugaste y por fin esta vez sí nos vemos. Te recomiendo un pulpón de novillo que está de novela y lo venden en la carnicería de ahí, la del centro. Te tengo que hacer unos cuentos del hospital que te morís ¿Te acordás de Díaz, el profesor adjunto? Se jubiló el año pasado, pero está jodido el pobre; tiene un neo de pulmón. Y a todo esto ¿vos ibas la mundial de Climaterio en Río ¿no? ¿Qué tal estuvo? Bueno, más tarde me contás. Llegamos temprano, después de la playa. Preguntale a la flaca qué llevamos y me mandás un mensaje. Nos vemos mostro; te quiero mucho ¡Dale!
Maldita la hora en que encendí el teléfono. Es parte de mi decálogo del descanso: sin celular, sin computador, sin tele, sin diarios, y vaya uno a saber por qué esta vez claudiqué. Pero Agustín estaba dando exámenes y Maru había quedado a cargo de Sara, y no consideraba justo que toda la carga del monitoreo satelital quedara bajo la responsabilidad de mi mujer. Eran vacaciones para mí, pero también de ella. Intuía que mi amigo habría de llamarme, y otra vez la culpa me iba a condenar hasta el otro febrero si esta vez por lo menos no le devolvía una llamada. Su mensaje de audio lo pintaba tal como siempre: se estaba invitando solo, y yo había tenido una noche de perros. Si al menos pudiera hacer una siesta como para estar más entero a la noche, bien podría ser un anfitrión amable.
-Yo creo que algo me pasa, me dijo María. Probate estas aceitunas ¿estarán viejas que tienen poco gusto? Las compré cuando llegamos y siempre las guardé en la heladera; no creo que estén en mal estado. Y el queso Dambo veo que tampoco viene como antes. No sé si es por eso que me ha empezado a doler la cabeza ¿Te servís un trago mientras yo armo la picada? Sospecho que te saldrás con la tuya porque anuncian lluvia para la tarde y por fin haré las benditas tortas fritas que me venís pidiendo desde que salimos de casa.
Bajé al quincho con platos y vasos en las manos, buscando con la vista qué reserva de leña nos quedaba para el resto de la estadía. El techo de paja chorreaba agua por los costados, pero no “olía a algas dulces”, como decía Lucía cuando muy chica para referirse al quinchado de las antiguas cabañas. Me soné la nariz varias veces buscando el aire y su paleta de aromas, y un mensaje plano me rebotó en el cerebro. Metí la nariz en el vaso, y no supe distinguir nada característico. Claro, si hasta el perfume de coco del factor cincuenta me olía a nada.
No está mal que en tiempos de descanso uno pretenda disociarse, pero así y todo el muñeco clínico se mantiene alerta; el oficio finalmente se impone. Ahora ¿por qué me pondría a hacerme una detallada semiología si yo estaba de vacaciones? Me dije que cuando fuera a hacer las compras terminaría de despejar esa sospecha. María había empezado a estornudar y se excusó yendo un rato al sillón, dejándome a cargo de recoger la mesa.
Horas más tarde reuní el valor necesario y llamé :
- Hola Guille, soy el Flaco ¿Qué decís? Mirá, vos me vas a decir que es joda, pero, todo lo contrario, es la más auténtica verdad.
- No me cuentes nada: ¡el carnicero era vegano y te dijo que sólo tenía asado de soja y chorizos de seitán…!
- No, escuchá que es posta. Anoche estuve con fiebre, todavía no ando del todo bien y creo que mi mujer viene por el mismo camino. Cuando fui a comprar la carne que me sugeriste, pasé por la farmacia y me saqué la duda. Pedí dos pruebas y me las traje a la cabaña: efectivamente resultamos, María y yo, ambos positivos. Me temo que una vez más, ese asado quedará para el otro verano.
Comentarios
Parece una narración de algún librito como.... crónicas de un pequeño verano real.
Cuánta sinceridad y hechos reales que suceden en nuestros veranos en el este y porque no en todo el país
Vale la pena leerlo todo..
El oso de punta colorada
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Muy lindo cuento de verano y qué sentimiento de deja vu con el episodio covid...
Silvia
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Me llevaste al aroma del granulado brasilero, a ese pan de ayer … al mar de Rocha. Del corazón al lápiz Flaquito. Esa María siempre al firme. 

-
Marta
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Por favor dígame que habrá verano. Todo el relato parece del verano pasado.
Ni color se pudo tomar. Puras gripes y demás cosas sin diagnóstico.
El sol solo para la foto del atardecer.
Nos merecemos un verano..
Silvia Barzi
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Me encantó,Flaquito! Lo viví
Giulia, la Tana Yorugua
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Jajaja. Muy bueno. Pero creo firmemente que te apestaste de gusto... La mier....que resultaste hábil en la manipulación sanitaria para la regulación de la vida social y los vínculos amistosos che .
Marta B.













