In Invernum qualqum soreteae fiumo expelent

DEFINICIÓN


galanga (diccionario de la real Academia Española)

3. f. Bacín plano con borde entrante y mango hueco, para usar en la cama.

martes, 20 de octubre de 2026

La gripe que trajo el verano


por el Flaco

Ir a Punta del Diablo todos los años un par de semanas de vacaciones en verano es vital para mí. No sólo por hacer un poco de playa, tener tiempo para dormir y leer a gusto, sino porque significa volver. Regresar, aunque más no sea por poco tiempo. El suficiente para saber que uno nunca ha terminado de emigrar y porque tiene ese reflejo de pertenencia que al cabo del segundo día te da a entender que nunca te has ido, que siempre has estado. Es tan querible sentir la humedad cuando te golpea en el pecho al cruzar las puertas del aeropuerto, como recorrer avenida Italia hacia el centro en busca de los afectos. O revivir las sudestadas que agitan la costa dándote la bienvenida a un paisaje que uno se ha llevado en la maleta entre ropa, yerba y papeles.

El plan cada año suele ser más o menos el mismo: una breve estadía en Montevideo para estar con familiares, y ver a colegas y amigos que comilona de por medio te comprometen desde mucho antes de llegar, so pena de tener que escuchar algún reproche un tanto velado. O indisimuladas acusaciones de ingratitud por una hospitalidad defraudada. La agenda nunca alcanza, e inexorablemente te volverás con la promesa de que “en febrero que viene sí, sale “. O “- ¿qué van a hacer en carnaval? Capaz ahí podríamos pasar a verlos y hacemos algo…. “La mitad de quienes saben que estuviste, pero no viste, se pueden declarar legítimamente despechados. Total, que más que vacaciones, amenazan con convertirse en una maratón de reuniones, trasnoches y sobremesas entre cuentos, recuerdos y abrazos bien apretados.

Después sí, la desconexión, luego de tres horas por la ruta y declarando la bajada a la playa como prioridad, y el parrillero como lugar de culto. Nada más; lo necesario. Ese universo compartido y al mismo tiempo reservado es la recarga de energía para el resto del año. La grandiosidad del paisaje, el cielo pinchado de estrellas por las noches, el rumor del océano a la distancia, el aire perfumado que sopla en bocanadas y ahuyenta el calor, todo eso hace que cada año la cita sea impostergable.

La pandemia nos privó de un par de veranos de esos, pero en cuanto la cadena sanitaria comenzó a aflojarse, ese año reinauguramos la sagrada costumbre. No solamente había que estar vacunado para poder comprar pasajes; todavía se practicaba el hisopado para salir o regresar, aunque a esa altura en forma aleatoria. Así y todo, necesitaba estar, sentir el olor a la paja del techo del quincho mojado por la lluvia, cruzar la arena para llegar al agua, y seguir con el libro que cada año elijo especialmente para sellar el disfrute.

Luego de algunos días de tormenta matizados con mucho sol, ese que todo el mundo aplaude cuando se oculta en el fondo, una tarde comencé a sentir que el cuerpo me pesaba como si fuera doble. No tenía apetito, apenas probé un poco de agua y sin cenar me fui a la cama deseando dormirme como por una semana. En la madrugada me desperté transpirando, el dolor de cabeza era muy grande y la cama y yo temblábamos al mismo tiempo.

- ¡Qué joda! Debo tener fiebre, me dije medio dormido. Seguro tomé mucho sol esta mañana- Fui al baño y a la vuelta me mandé una aspirina buscando conciliar nuevamente el sueño. Todavía estaba oscuro y a lo lejos las noctilucas formaban una guirnalda que bailaba sobre la espuma del mar que, aunque no veía, podía escuchar yendo y viniendo- Mañana, con fiebre y todo igual bajo a la playa. Nos quedan un par de días y después en Santiago no voy a tener nada de todo esto más que en las fotos.

Me desperté como a las nueve, y a decir verdad, medio atontado, pero sin calor en el cuerpo, lo que seguro me permitiría cumplir la promesa de la noche previa. Sentí a mi mujer en la cocina en el piso de arriba, quien como acostumbra se dedicaba a armar el desayuno, así que me di una ducha y subí. Tenía apetito, no mucho, es cierto, pero desde el día anterior que no comía, por lo que el ayuno prolongado bien valía unas tostadas con manteca, un café con leche y un jugo de naranja de verdad, fatto in casa.

- Buen día ¿estás mejor? Anoche parecías un mamado: hablabas soñando, te quejabas del calor y no parabas de temblar; me tuve que venir al sofá de tanto que saltabas- me largó a modo de saludo- Ahora comete algo, pero mejor no bajemos, mirá si te insolás y arruinamos lo que nos queda de estadía. Colé café, pero compré otro, no es el de siempre. Vos que insistís con el granulado brasilero, yo te confieso que no le siento gusto a nada.

-Dale gracias; sí estoy bastante bien. Me sentía como apaleado, tenía unos chuchos de frío que no podía gobernar. No me di cuenta de que me habías tapado, porque no sé en qué momento me quedé dormido. Dejá que yo me sirvo; lo prefiero con más leche y apenas un chorrito para darle color ¿No hiciste tostadas con el pan de hamburguesas que quedaron del mediodía? Eso lo aprendí de mi abuelo, don Juan: no hay pan duro, hay dientes flojos.

- Sí, las tengo en el tostador. Esperá que voy y mientras pisate esta palta. No hay caso, el sabor de las chilenas es inmejorable. Las paltas uruguayas tienen gusto a agua, aunque el pobre Gustavo yo sé que la fue a arrancar con especial cariño para agasajarnos. Si me escuchara creería que soy una desagradecida, o que la nueva vida me cambió los hábitos: dónde se ha visto desayunar con huevos revueltos y aguacate, como decía mamá.

- Sin embargo, este cafecito sabe bien, y el huevito está muy rico ¿Qué tenés pensado para comer al mediodía?

- De almuerzo todavía no sé, pero aprontate que te tengo una noticia. Anoche cuando te fuiste a la cama me llamó Mariana. Me preguntó hasta cuándo estábamos y que de parte de Guillermo te manda a decir que lo vas a tener que ir a regar porque ya van dos veranos que lo dejás plantado….

-Uh! Es verdad, tienen razón, pobres. Pasa que siempre han surgido otras cosas, o se larga a llover, o subimos tarde y después, yo los conozco, nos volvemos a las cuatro de la mañana. Me acuerdo que la última vez le avisé sobre la hora y quedó tan caliente que me dijo que iba a poner un puesto de choripanes en la esquina, de la cantidad que le iban a quedar de clavo. Qué sé yo, yo los quiero mucho, pero vos viste cómo son. Comen a cualquier hora, abren ocho botellas de vino para cuatro personas, con Guillermito no hay interacción, está todo el tiempo colgado al PlayStation y la nena, bueno, cada vez que la hemos visto tiene un drama nuevo. Pobre Mariana, la sentís allá en la cocina picando lechugas y discutiendo a los gritos con la hija. Te confieso que si podemos, prefiero zafar de nuevo, total después le hago una video llamada y no me queda sentimiento de culpa ni nada de eso.

- Me dijo que alquilaron en La Pedrera, y que esta vez no va quedar pagando porque si no tenemos planes, esta noche se vienen y el anfitrión vas a ser vos. Están cerca y en menos de una hora podrían llegar, y después de todo son de los amigos que nunca te han fallado, no seas ingrato. Leña tenemos, yo hago unas ensaladas, le digo a Mariana que traiga un helado y listo. Whisky suficiente no sé si nos queda ¿Sabés que anoche durante tu delirio me serví uno en la terraza y lo sentí más suave? ¿Es el mismo ocho años que compraste en el aeropuerto, es otro o es el legítimo y le habré puesto mucho hielo?

Yo también había pensado lo del whisky; no olía a cedro ni a maíz o vainilla.

-Capaz nos vendieron uno trucho, porque creía estar tomando agua con sabor, no un escocés, insistió ella. Y esta noche vienen aquellos, pero bueno, en todo caso servimos vino y con eso alcanza. A Guillermo, vos me has contado, siendo en una copa y bien fría, hasta el agua bendita le parece un manjar.

 

Volvimos de la playa un rato más tarde. Estaba nublado, por suerte, pero así y todo me divertí un buen rato corriendo olas. No me importó mucho no estar en el mejor estado, ni del más plácido humor. Son de los privilegios que por ahora no tienen impuesto: la sombrilla, las sillas, el mate entre los dos, bizcochos con dulce de membrillo, y otro chapuzón antes de subir cruzando las dunas. Todos los días me digo que de buena gana las traería en el avión y las cambiaría por la cordillera. Es hermosa, ojo, a mí me gusta, pero si venís volando el capitán no te diría “permanezcan sentados con el cinturón abrochado que nos aprestamos a cruzar los arenales de La Viuda y puede haber turbulencias...”. Una vez más fantaseaba con eso mientras saboreaba mis labios limpiándome el bigote con la lengua. El agua estaba tan salada como de costumbre, le dije a María. Ella no había notado lo mismo, todo lo contrario. Pero como no es adicta al mar, pocas veces la prueba como yo, que cada verano embromo con que me van a salir escamas. Acerca del mate la escuché comentar algo similar que no terminé de entender, porque una ráfaga de viento con arena me obligó a protegerme la cabeza con la camiseta.

 

- Qué hacés Flaquito? ¿Todo bien? Me dijo Mariana que te la jugaste y por fin esta vez sí nos vemos. Te recomiendo un pulpón de novillo que está de novela y lo venden en la carnicería de ahí, la del centro. Te tengo que hacer unos cuentos del hospital que te morís ¿Te acordás de Díaz, el profesor adjunto? Se jubiló el año pasado, pero está jodido el pobre; tiene un neo de pulmón. Y a todo esto ¿vos ibas la mundial de Climaterio en Río ¿no? ¿Qué tal estuvo? Bueno, más tarde me contás. Llegamos temprano, después de la playa. Preguntale a la flaca qué llevamos y me mandás un mensaje. Nos vemos mostro; te quiero mucho ¡Dale!

Maldita la hora en que encendí el teléfono. Es parte de mi decálogo del descanso: sin celular, sin computador, sin tele, sin diarios, y vaya uno a saber por qué esta vez claudiqué. Pero Agustín estaba dando exámenes y Maru había quedado a cargo de Sara, y no consideraba justo que toda la carga del monitoreo satelital quedara bajo la responsabilidad de mi mujer. Eran vacaciones para mí, pero también de ella. Intuía que mi amigo habría de llamarme, y otra vez la culpa me iba a condenar hasta el otro febrero si esta vez por lo menos no le devolvía una llamada. Su mensaje de audio lo pintaba tal como siempre: se estaba invitando solo, y yo había tenido una noche de perros. Si al menos pudiera hacer una siesta como para estar más entero a la noche, bien podría ser un anfitrión amable.

-Yo creo que algo me pasa, me dijo María. Probate estas aceitunas ¿estarán viejas que tienen poco gusto? Las compré cuando llegamos y siempre las guardé en la heladera; no creo que estén en mal estado. Y el queso Dambo veo que tampoco viene como antes. No sé si es por eso que me ha empezado a doler la cabeza ¿Te servís un trago mientras yo armo la picada? Sospecho que te saldrás con la tuya porque anuncian lluvia para la tarde y por fin haré las benditas tortas fritas que me venís pidiendo desde que salimos de casa.

 

Bajé al quincho con platos y vasos en las manos, buscando con la vista qué reserva de leña nos quedaba para el resto de la estadía. El techo de paja chorreaba agua por los costados, pero no “olía a algas dulces”, como decía Lucía cuando muy chica para referirse al quinchado de las antiguas cabañas. Me soné la nariz varias veces buscando el aire y su paleta de aromas, y un mensaje plano me rebotó en el cerebro. Metí la nariz en el vaso, y no supe distinguir nada característico. Claro, si hasta el perfume de coco del factor cincuenta me olía a nada.

No está mal que en tiempos de descanso uno pretenda disociarse, pero así y todo el muñeco clínico se mantiene alerta; el oficio finalmente se impone. Ahora ¿por qué me pondría a hacerme una detallada semiología si yo estaba de vacaciones? Me dije que cuando fuera a hacer las compras terminaría de despejar esa sospecha. María había empezado a estornudar y se excusó yendo un rato al sillón, dejándome a cargo de recoger la mesa.

Horas más tarde reuní el valor necesario y llamé :

- Hola Guille, soy el Flaco ¿Qué decís? Mirá, vos me vas a decir que es joda, pero, todo lo contrario, es la más auténtica verdad.

- No me cuentes nada: ¡el carnicero era vegano y te dijo que sólo tenía asado de soja y chorizos de seitán…!

- No, escuchá que es posta. Anoche estuve con fiebre, todavía no ando del todo bien y creo que mi mujer viene por el mismo camino. Cuando fui a comprar la carne que me sugeriste, pasé por la farmacia y me saqué la duda. Pedí dos pruebas y me las traje a la cabaña: efectivamente resultamos, María y yo, ambos positivos. Me temo que una vez más, ese asado quedará para el otro verano.



Comentarios


Parece una narración de algún librito como.... crónicas de un pequeño verano real.
Cuánta sinceridad y hechos reales que suceden en nuestros veranos en el este y porque no en todo el país
Vale la pena leerlo todo..
El oso de punta colorada


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Muy lindo cuento de verano y qué sentimiento de deja vu con el episodio covid...

Silvia


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Me llevaste al aroma del granulado brasilero, a ese pan de ayer … al mar de Rocha. Del corazón al lápiz Flaquito. Esa María siempre al firme. 👏👏👏- 

Marta

3 comentarios:

  1. Parece una narración de algún librito como.... crónicas de un pequeño verano real.
    Cuánta sinceridad y hechos reales que suceden en nuestros veranos en el este y porque no en todo el país
    Vale la pena leerlo todo..
    El oso de punta colorada

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  2. Muy lindo cuento de verano y qué sentimiento de deja vu con el episodio covid...

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  3. Me llevaste al aroma del granulado brasilero, a ese pan de ayer … al mar de Rocha. Del corazón al lápiz Flaquito. Esa María siempre al firme. 👏👏👏- Marta

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