In Invernum qualqum soreteae fiumo expelent

DEFINICIÓN


galanga (diccionario de la real Academia Española)

3. f. Bacín plano con borde entrante y mango hueco, para usar en la cama.

martes, 11 de abril de 2023

Lavenida Jr, Manini Arroyos y los 65 años


por Mínimo Gurméndez

El otro día, conversando con el Flaco, intercambiábamos opiniones sobre lo difícil que es seguirle el tren al princeso, su Fierrerismo, la Colisión Multicolor e ainda mais. Todos, pero todos los días tienen algún tema de destaque, cada piedra que se levanta tiene un cangrejo (¿rojo?) abajo. Al final la sátira intemporal y sin lugar en el espacio de Trancazo, los cuentos del Flaco, los collages y cuentos de Verdecito así como las fotos y cuentos de Odoacro o el jazz del Tano tienen que competir en franca inferioridad con la cantidad e importancia de temas políticos y sociales que nos atosigan. Y los demás (Caperuza y mis hermanos) tenemos que apretar los dientes para no salir como forajidos atrás de cada cosa, para no apoderarse de toda La Galanga.
Es difícil llegar a un justo equilibrio. No lo hemos logrado aún ni tenemos intenciones de lograrlo en el futuro. La Galanga es diversa y perversa. Es útil y es fútil.
Y para no seguir con cháchara inconducente quiero en pocas líneas volver a tratar el asunto de la edad de la gente. Porque hace un tiempo los mismos que hoy están en el gobierno de la Colisión multicolor quisieron bajar la edad de imputabilidad de los 18 años a lo que se pueda para abajo (después de dejar los pañales cualquier monedita sirve). Y hoy, a pesar que lo prometieron no hacer en campaña electoral, buscan subir la edad de época laboral obligada a los 65 años. Es que cada vez somos más jóvenes para seguir trabajando y más viejos para empezar a tomar resoluciones. Con el agregado de que Colector Abierto con su líder Guido Manini Arroyos a la cabeza está tratando de lograr que a los 65 años, los torturadores sean lo suficientemente viejitos como para necesitar que la prisión sea en casita, con piscina y todo. 
Así es: 65 años - lo suficientemente jóvenes para seguir trepados a un andamio o manejando un camión u operando un baleado a las 3 de la mañana pero lo suficientemente viejos como para que, si hemos sido salvajes torturadores, nos manden a terminar nuestras vidas en casa. 
Y esa dicotomía es un toma y deja entre el princeso Lavenida Junior y Manini Arroyos.
¿Cómo terminará el negocio?


Comentarios


Cantado mis queridos! Jodiendo a Juan...pueblo! 
gabymachin

Espectacular
Silvia Ferrín

Muy buena la columna de Máximo,nos tiene acostumbrados ,decir que Lavenida y Arroyo están cocinando es una realidad pero ahora se le sumará el "recién titulado" del partido bermello.... agarrate catalina!! Se pone difícil la cosa
Lunfa

Ansina e” la cosa , paisano No es pa” cualquiera la bota e” potro ( el herrero y la muerte) El narzopresidente que ahora parece que se refugió en Anchorena, como hacen los presidentes de EEUU en las montañas de Colorado , o los papas en Castelgandolfo ( los líderes mundiales, visssste), no nos da tregua alguna En su cruzada de fe, ahora también le cree a Pedofilés… así no hay editorial que aguante (!) 
Flaco

lunes, 10 de abril de 2023

La verdad completa


por el Flaco

William Brown se quedó a la distancia, contemplando la escena desde los árboles de la entrada.
El acceso estaba permitido únicamente a los familiares cercanos y en un número de no más de diez personas.
El gris del cielo encapotado le daba un marco aún más triste al acontecimiento, armonizando con los colores difuminados de los paraguas de los hombres.
Las mujeres, con rosarios en sus manos, dejaban las flores en el piso y se estremecían en llantos ahogados debajo de sus mascarillas.
Los operarios, de guantes y riguroso mameluco entero, bajaron con cuerdas el féretro envuelto en bolsas de color amarillo, con una maniobra ágil y desprendida.
Uno de ellos aguardó unos minutos de respetuosa espera, bajó la máscara facial y  comenzó a cubrir a paladas la tumba con tierra húmeda y oscura, que devolvería a Marion West al lugar de donde provenimos, como decía el capellán en su responso de tono casi confesional.
Con ella se iba sepultada una parte de su historia nunca revelada, pensó, mientras se devolvía por la vereda de piedra del cementerio inmenso, húmedo y espectral, en el atardecer de panteones señoriales y lápidas de mármoles lustrados.
 
En el largo camino de regreso y apurando el paso para no ser sorprendido por el toque de queda, hizo memoria intentando recordar cuándo habían estado juntos por última vez en estos años.
Se dio cuenta que no lo tenía tan claro.
O no, al menos, como  recordaba cuando se habían conocido.
 
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De esa clase de relaciones, había tenido más de una, luego de la separación y divorcio de su segunda esposa.
Había decidido retomar esa novela que hacía tiempo deseaba terminar y que tantas veces había abandonado.
Resolvió que ir al sur le traería la tranquilidad necesaria, y a la mañana siguiente tomó el tren con un bolso de mano y una carpeta con su manuscrito y una resma de hojas nuevas.
 
Sin conocer el lugar y tras  hacer algunas consultas en la estaciónpagó por adelantado una semana de estadía en un hostalito de aspecto tranquilo, desde donde se divisaba la costa y los barcos cruzando el estrecho bajo un viento de huracanes; el Weber Lodge.
Una habitación con baño propio y tres comidas al día, era todo lo que necesitaba para seguir escribiendo y repensar sus próximos pasos.
La dueña era una rubia muy cordial, quien además servía la comida en el comedor de huéspedeshacía las habitaciones y hasta le propuso lavarle la ropa por algún dinero más.
Marion y su marido, el chef del establecimiento, dirigían la posada que habían heredado de sus suegros, unos alemanes recios - le contaba - , que murieron de pena porque su único hijo no les había dado nietos.
Las frías noches sureñas se sobrellevaban con unos suculentos caldillos de pescado y vino tinto entibiado en copas de patas largas que los pasajeros depositaban sobre herraduras al borde de la estufa.
Alguna vez se quedó hasta más tarde mientras un viejo mustio y octogenario le sacaba notas de tango y melodías a un bandoneón de teclas engrasadas.
Una semana se hizo muy poco, por lo que le propuso a sus anfitriones quedarse otros días, mientras esperaba noticias de su editor a quien le había enviado un mensaje, pero sin dar pistas sobre su paradero.
En las jornadas siguientes, y ya más familiarizado con el lugar y el poblado, hacía largas caminatas por la costanera, esquivando charcos de una pertinaz lluvia cotidiana que los lugareños ignoraban olímpicamente, abrigados con camperones impermeables y gruesos gorros de lana.
Arrimando su chaquetón a la cocina a leña, una tarde de humo y olor a frituras, luego del chocolate hervido y la torta de frutos rojos de  merienda, Marion le sugirió que subiera a su habitación, y con un guiño provocador le propuso que ella misma le llevaría su abrigo una vez que se hubiera secado.
Y no fue la única vez que la dueña de casa lo visitara en su cuarto luego de esa oportunidad.
Varias noches subió furtivamente a su habitación, en el silencio oscuro que sólo quebraban el viento ululante en las ventanas, o los ronquidos del casero desde el último dormitorio en la planta baja.
No le era sencillo bajar al salón al día siguiente y tener que evitar la mirada interrogatoria de su  amante y locataria, mientras desayunaba y de reojo contemplaba al resto de los comensales, buscando en ellos señas que delataran su aventura.
Reconocía no haber dado lugar a sospechas, hasta que posaba su mirada en los ojos inmensos de ella, que mientras secaba las copas, lo invitaban a guardar el silencio de complicidad recíproca.
Días después se despidió formalmente del matrimonio, pagando sus cuentas y sin dejarle a Marion dirección ni teléfono donde ubicarlo.
 
Fue la primera, pero no la única vez.
En un país tan largo pero angosto, seguro la gente pueda tener la oportunidad de volver a encontrarse, aún sin proponérselo, incluso en lugares diferentes.
 
Algo así como dos años más tarde, el diario lo envió a hacer la cobertura de la inauguración de un teatro regional, fruto del esfuerzo de la intelectualidad local y el apoyo de acaudalados empresarios pesqueros que derramaban en un gesto de inefable pedantería, su diezmo de caridad para el beneplácito de sus descendencias y agradecidas autoridades de turno.
Marion y su marido estaban allí, en el luminoso recibimiento, agolpados en la muchedumbre, curiosos por participar en tal acontecimiento.
Seguro no fue casual que lo hubiera alcanzado en la ropería, mientras su marido compraba programas y pastillones de menta con chocolate, tan distinguido y diferente a la imagen que conservaba de verlo en mangas de camisa y delantal, en la atmósfera ácida y calurosa de su cocina.
Acordaron verse al día siguiente, luego del desfile popular, en la puerta del propio sitio.
Otra era la escena, otras las circunstancias, sin pretextos de bandejas que retirar o ropa recién planchada, esta vez se dieron cita furtivamente un par de noches en un motel de mala muerte, a unas cuadras de la plaza central, lúgubre y siempre atestada de bandurrias chillonas encaramadas en lo alto de las araucarias gigantes.
Era su ciudad natal, allí vivían todavía su madre y dos hermanas, por lo que la discreción necesaria apenas les permitió despedirse hasta quién sabe cuándo.
Luego de eso, nunca más supo uno del otro.
 
 
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Caminaba por la playa aquella mañana de febrero, absorto en su pensamiento, buscando un final para el artículo que debía remitir la semana siguiente, ante la insistencia amenazante del editor.
Siempre le reprochaba no ser tan moroso para querer cobrar, como lo hacía con las entregas.
Su amistad de años le ahorraba dar explicaciones y esgrimir pretextos que bien podrían ser motivo de una novela completa.
Se detuvo en un carrito, pidió un jugo fresco y sentado en las rocas, la vio pasar trotando despacio, suspendida en ese reflejo que forman la arena contra el agua, donde las gaviotas marcan sus caravanas de tres patas para perderse en las olas.
Ella se detuvo un momento, tomando aire y extendiendo los brazos en círculos, mientras él la saludó de manera circunspecta con su mano derecha a media altura.
“¿De dónde nos conocemos?” - , fue la iniciativa, esta vez femenina, para que él se levantara y hundiendo los zapatos en la blandura amarilla, fuera a presentarse un tanto sorprendido por la frescura juvenil de la paseante.
Creyó reconocer en su rostro una belleza familiar.
 
Ángela era estudiante de letras y cuando sus horarios se lo permitían, bajaba a correr para tonificarse y evadir su cabeza de clases, pruebas y un novio más posesivo de lo que ella hubiera deseado.
A los 19 años, soñaba con convertirse en escritora y ser reconocida y premiada como los personajes de las novelas de Henry James o David Lodge.
Coincidieron algunas otras mañanas, y ya habiendo sabido algo de aquel maduro escritor y corresponsal de diarios de 53 años, aceptó no sin vergüenza inicial, su invitación para cenar una noche en un restaurant sobre las rocas, con frutos del mar y vino blanco frío.
Sus padres vivían lejos de allí, y como sus suegros tenían un negocio inmobiliario en el balneario, no le resultó difícil convencer a su familia de quedarse a pasar las vacaciones de verano, de modo que los encuentros con su “profesor”, se hicieron frecuentes, prolongados, y cada vez más intensos.
Así, como profesor , fue presentado en la casa de su pareja, con quienes hizo cordiales relaciones habida cuenta de la contemporaneidad con los papás del muchacho .
En el mes de julio, y en medio del receso invernal, recibió un llamado de Ángela que sin muchos remilgos le hacía saber, desde su casa paterna, que había confirmado que estaba embarazada.
Como no tenía dudas sobre la paternidad, ya había enterado a su pareja y a sus padres, y le tranquilizaba haciéndole saber que esto en modo alguno habría de interferir en su relación clandestina, la que siguieron cultivando a la vuelta, una vez reiniciado el período de clases.
Aunque ya no con tanta frecuencia, siguió yendo a la casa de los Stevens, y acompañaba a Ángela en sus paseos por la playa, hasta que nació su bebé.
En homenaje a una bisabuela, llevó por nombre Pascale, una niña regordeta que sus abuelos paternos recibieron como una bendición, y los maternos prometieron venir a conocer en cuanto se fijara una fecha para el bautismo.
El acontecimiento no se hizo esperar y un domingo de marzo todavía caluroso, toda la parentela hizo gala de sus tradiciones y concurrió a celebrar a la recién nacida.
El profesor de Ángela, era parte natural del convite, y en condición de tal fue dado a conocer al resto de la familia.
 
Todo iba de maravilla, entre tanta comida, salmos, agua bendita y estampitas de bautizo, hasta que una muy emocionada Ángela lo tomó del brazo y haciéndolo girar sobre sí mismo lo puso de frente a una señora rubia, madura y elegante que al verlo no pudo disimular un gesto de pavoroso asombro - como el que seguramente debe haber ensayado èl - , diciéndole “Ella es Marion, mi mamá…” “Mami, mi profesor William Brown..”, y los abandonó en su perpleja cercanía, mientras otros invitados la invitaban a abrir paquetes de regalos.
Casi que por una cuestión de localía fue ella quién rompió el silencio, y con tono interrogativo quiso saber qué hacía él en ese lugar, y mira lo que son las cosas, venir a encontrarte de esta manera y luego de tantos años…
Sin abandonar su estado de asombro, él atinó a darle la obvia felicitación por su abuelazgo, y calculando cuánto tiempo más podría permanecer allí sin traicionarse y hasta advirtiendo que su marido cocinero pudiera estar en la reunión y esto le generara una incomodidad aún mayor.
“Willie, de mi marido ni te preocupes. Está al fondo, ¿lo ves?, brindando con sus consuegros. En el viaje me decía que desde el tiempo de mis embarazos, no se sentía tan feliz. Y de eso han pasado ya más de veinte años.
Por otra parte, en cuanto a lo nuestro, no te incomodes: está al tanto de todo. Siempre lo supo.
Por eso es que debo contarte algo que de no encontrarte aquí, nunca lo hubieras sabido: él es estéril, jamás podríamos haber concebido, así lo quisieran mis suegros.
Ahora mira, al costado de la piscina, si, allí, el muchacho alto con el saco azul y de camisa roja. Ese es mi  hijo mayor, se llama Herman, tiene 22 años. ¿No te parece un aire conocido? Pues es tu hijo, fue engendrado cuando estuviste en Puerto Esperanza.
Sintió que le temblaban las piernas, y la sangre se le agolpaba en la cabeza y le nublaba los ojos.
Todavía no repuesto, la escucha tomar aire y con aire trascendente luego de una pausa, continúa para completar su confesión:” Y Angela, tu alumna, mi hermosa niña, es producto de nuestro segundo encuentro en Santa Elena. No fue casualidad que fuéramos allí, sabíamos que estarías en ese teatro, y con mi marido convenimos que ya era hora de otro hijo. Mi querido Willie, gracias a ti, tenemos esta gran familia, y por esa razón, ahora a Pascale, a quien con todo derecho podrás querer como a una nieta…….”
 
Nunca supo cómo se fue de allí esa tarde, ni en qué condiciones llegó a su casa.
Estuvo varios días en la cama, bebiendo sin parar, sin comer, presa de los fantasmas de sus aventuras y las revelaciones de Marion en el banquete, y haciendo una genealogía mental que lo llevaba fatalmente a que su alumna, aquella traviesa corredora de la arena, su amante joven desde el verano anterior, resultaba ser su hija.
Se consideró un auténtico monstruo involuntario, demente, presa de su donjuanismo y de no atender a las diferencias generacionales que le hubieran merecido la condena de su ambiente literario, de sus hijos, los legítimos, todos mayores de  treinta años, de su editor, de sus esposas.
 
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En junio recibió un mensaje de Ángela, quien entre increparle su desaparición y querer saber de su vida, quería enterarlo que su mamá estaba enferma, internada en cuidados intermedios del hospital local. Que ella, su hija y su papá estaban en cuarentena obligatoria por ser consideradas contactos estrechos, y que eso no era todo: ante la insistencia de la señora Stevens, se le había practicado una prueba cromosómica a su hijo por la paternidad de Pascale, resultando absolutamente improbable que éste fuera el papá de la niña .
 
Fue al cementerio, y buscando pasar inadvertido, para despedirse simbólicamente de Marion West.
Para hacerle saber que la pandemia le había impedido conocer la otra parte de la historia.
La verdad completa.


Comentarios


Imperdible! Cómo siempre! 
gabymachín

Buenísimo!!!!!!
Daniel

domingo, 9 de abril de 2023

No aprendemos

por Trancazo

El cordón de la vereda que está justo enfrente a mi ventana está pintado de rojo. No todos tienen porque saber que esa pintura no es una decoración urbana que emprende la intendencia para embellecer la ciudad, sino que es una indicación visual de que ahí está prohibido estacionar. La zona está repleta de hospitales, clínicas y consultorios. Por ello, la afluencia de gente es enorme y de alta dinámica, llegan unos, se van otros y así todo el día. Por supuesto que los sitios donde se puede estacionar siempre están ocupados y entonces, algunos estacionan en los prohibidos. La maniobra de guinchado demora un poquito menos de 2 minutos, lo tengo cronometrado al detalle.
Hoy, mientras desayunaba, estaba mirando como se llevaban un cero kilómetro azul de la zona prohibida. Ya la grúa había subido el auto a la chata y estaba yéndose cuando un tipo en un auto blanco se le pone al costado y le pregunta al chofer de la grúa:
—¡Jefe!, ¿queda libre este lugar?
Ya lo cantó Jaime Roos: «Parece mentira las cosas que veo / por las calles de Montevideo…».


Comentarios


Jaja, decile que por las dudas, le ponga el pizca -pizca por las dudas vió!
Carmiña

La multa debería ser 50% del valor de aforo, y una semana en el Comcar.
Anónimo

sábado, 8 de abril de 2023

El Poeta japonés falso (8)


En plena Santa semana de Turismo Criolla Ciclista y Cervecera viene bien un poco de paz interior.
Si dejáramos al princeso nos mostraría su última foto con Loly del brazo pero además le mandaría un saludo solidario a Penadás.
Así que no encontramos nada mejor que otras fotos de Odoacro con sus respectivos Haikus
A disfrutar

por Odoacro












viernes, 7 de abril de 2023

Día de pescado y cruz

 

Por Tano de la Mondiola

Viernes Santo: día de pescado y cruz. Ahora, según una sucursal de la empresa multinacional es hoy y según otra es el Viernes que viene. Y según la casa madre no es nunca.

Bacalao o Gelfilte fish ? (es el Pesaj de la leyenda madre también). 

Y la cruz! Es jodido usar un instrumento de tortura como emblema de la empresa, pero qué le vas a hacer!

En virtud de lo cual, se impone la sátira. Se nos ocurren 2 evocaciones musicales.

Pescado...rabioso. El gran Flaco Spinetta luego de Almendra llamo así a su grupo. Recordemos uno de sus mejores temas.


PESCADO RABIOSO; BAJAN

Crucifixión. Lennon en 1966 dijo con razón que los Beatles eran mas famosos que Jesús. Los intolerantes del Middle West de USA quemaban los discos. Lo obligaron a disculparse...

Tres años después, ironizó con todas las letras: "Si la cosa sigue así, me van a crucificar a mí" . The way things are going they're gonna crucify me.

Tema grabado por John con Paul en batería. Toma 7. Vos no, ellos.

BALLAD OF JOHN AND YOKO


lunes, 3 de abril de 2023

Pane et circenses


Por Tano de la Mondiola

Esta semana (o la que viene, dependiendo de la versión del cuento de la multinacional, vide infra) es muy especial. Y muy asociada con Roma. Hablando de ella, parece mentira que 16 siglos después de la caída de ese imperio, los seres humanos no hayan mejorado nada. El circo con animales sufriendo para deleite de espectadores (léase, Rural del Prado) o seres humanos insultándose o matándose por una pelotita al son de gallegos millonarios saltando, sigue existiendo.

Mientras otros circos se ventilan en la prensa.

Suscribiendo todo lo ya expresado más abajo por GurMendez y Caperuza (o sea, antes cronológicamente), y siguiendo aires circenses que para nada detractan de  nuestra indignación por lo que esta sucediendo, decidimos compartir algunos de los memes de la semana.

Primero, todo el mundo a laburar. La Pascua no es este Domingo.






Y para quedar bien con todo el mundo...



Pah...no puse el Ramadán...voy al Infierno !!!!


Y para reírse un poco

Mel Brooks, última cena


A propósito de Penadás


por Medio Gurméndez

El otro día Mona decía "Pah, es tan jodido esto de la Romina Rosada y el Penadás que no me gustan ni las bromas que se hacen sobre ello".
Y Caperuza Rebelada hizo, deshizo y rehízo sus cuartetas porque no encontraba la vuelta de no escribir sin asco (ver las cuartetas cliqueando aquí ).
Y así también nos pasaba cuando alguno de mis trillizos hermanos o yo escribíamos sobre los desaparecidos o sobre la guerra o la desnutrición infantil.
Hay temas en que solo La Galanga se anima a escribir con sátira e ironía sin faltarle el respeto a la situación.
Así que voy a tratar de hacerlo mismo hoy.
El tema del día son las denuncias que la tal Romina Rosada ha hecho sobre Penadás
Atrás están quedando las grabaciones de Haztelsano; muy atrás la publicidad trucha de Germán Carozo cuando era ministro de turismo; casi olvidadas las manganetas del GARCH y el ex ministro Marindia para hacernos creer lo bien que nos iba con el Cobicho cuando éste estaba lejos aún de nosotros.
La tal Romina largó una denuncia pública contra el senador de su propio partido Pálido Penadás. Lo acusó de explotación sexual infantil.
Y el tal Penadás inmediatamente hizo lo que él quiso llamar Conferencia de prensa para dar su versión. Debo decir primero que si no se aceptan preguntas de los periodistas no es una Conferencia de prensa; mejor sería llamarlo Comunicado personal del senador Fulano al que obsecuentemente van todos los medios de desinformación masiva a difundirlo.
Allí Penadás empezó diciendo que todos sabían de su orientación sexual. No, senador; usted nunca jamás había dicho absolutamente nada sobre ello; quizás todos lo sospechábamos, pero usted (hasta ese miércoles) no se había animado a salir del closet. Se habían votado leyes referidas a su orientación sexual y nunca durante la argumentación usted había deslizado ninguna insinuación sobre ello. Muchos hombres y mujeres públicos habían explicitado su orientación en aras de correr el velo y mostrar que la elección de otra orientación sexual diferente a la esperada no era una anomalía. Usted no.
Y encima se le dio por insinuar que no aceptaría que, por tener una orientación sexual diferente, le tildaran de pedófilo. Para empezar no es ser pedófilo (que eso sí es una desviación patológica de la personalidad). A usted se le acusa de explotación sexual infantil; lisa y llana. Y por ser homosexual no se es explotador infantil. De la misma manera que por ser heterosexual tampoco necesariamente se lo es. Solo algunos tienen ese tristísimo privilegio.
Y en su partido Pálido lamentablemente muchos corren esa triste carrera. No nos olvidemos de la cantidad de prohombres pálidos implicados en la Operación Océano (¿alguien sabe en qué está eso?). No nos olvidemos de la denuncia realizada por aquella menor por violación grupal en la fiesta del diputado pálido de festejo de la LUC; denuncia que recientemente ella y su madre retiraron sigilosamente (?). Ni nos olvidemos del Intendente coloniense Carlos Moradeira que cambiaba cargos por favores sexuales.
Y mucho menos nos olvidemos que el propio ministro del interior Jeber dijo que la denuncia de Romina Rosada era una difamación, antes de empezar a investigar, marcando pues la cancha (¿caso cerrado?).
Y mucho, mucho menos lo que nuestro princeso dijo: "Yo le creo a Penadás". Seguramente de la misma manera en que le creía a Haztelsano.


Comentarios


Excelente Medio! Sin pelos en la misma ni anestesia. Así se hace.
Yamandú Cuevas

Todo terrible. Pero que imagen le damos a los menores y adolescentes explotados por este tipo de miserables, se amparan en escenografía estatal detras de ellos y los principales integrantes del gobierno dicen " yo te creo Gustavo ".
Que piensan los y las víctimas " no denuncies que acá no les pasa nada.
Porque hay un gobierno o parte de éĺ que de pique lo apoya.
El " yo te creo " base y sustento de apoyo a las víctimas de violencia, se pasa al " yo te creo" al denunciado.
Que diferente el FA, con Núñez, desaparece de la escena y ninguna voz de " yo te creo ". Se creyó en la víctima.
Ke Verba-

Muy bien explicao! Mas claro echale jane! 
gabymachin

Espectacular, lo resumiste todo. 
Tano

Excelente clarisimo !!! Pobres las víctimas
Silvia Ferrín

domingo, 2 de abril de 2023

¿Falta mucho?


por Caperuza Rebelada

Ya se acercan los ciclistas 
compiten esta semana
las banderas están listas
¿la celeste es la que gana?

Resuena fuerte el color
en estos últimos días 
pregunten al senador
que no es el de pasantías 

Varios son muy encumbrados 
sin intención de entrevero
y aunque realicen estragos
saben tapar los agujeros

Al tapete fiscalía
que tiene que investigar
recurre a la policía 
que alguno mandó callar

Sea ministro o princeso
aquel que da su opinión 
evitando así algún preso
sin importar la ocasión 

Poderes y privilegios
que combinan con maestría
después quedan como regios
aunque arrasen minorías 

Y por aquí voy cerrando
no sin antes preguntar
alguien que me diga cuando
los pillos van a rajar

sábado, 1 de abril de 2023

Crónica roja


por Odoacro

Si me viera la abuela, ella que se mareaba al subir al banco de la cocina para sacar los fideos del estante.
Su nieto viviendo en un primer piso, y en Pocitos, porque acá es casi Pocitos, caminás 5 cuadras y está el mar.
Que lo parió, tanta agua; es como decía el tío, lo que falta es vino.
Poca ropa, el termo y el mate, la garrafa, el televisor, la Spika, un par de estantes de tabla de obra, todo listo. Trabajo para seis meses o más. 
Casilla de obra en planta alta, sólo en la capital.
Menos mal que traje provisiones, a la primera de cambio vuelvo por el pueblo y le pago la damajuana al vasco.
¿Habrá boliche en este barrio? Apenas ordene mis cosas salgo y veo, debe haber.


Llegó sin hacerse notar, como de costumbre, un beso aburrido a su esposa, se sacó la corbata y se cayó frente al televisor, al terminar la información deportiva dijo la frase acostumbrada: -voy un rato al boliche, no me esperes a cenar.
Cuando su mujer dijo la frase habitual, - no te mamés como siempre-, ya había cerrado la puerta.
El banco alto de la punta, al lado de los baños ya tenía su forma, se sentaba y no hacía falta que pidiera, el bolichero lo veía entrar y servía -con tres cubitos-, dos medidas de Espinillar.
Nunca habló con nadie, los parroquianos con sorna lo llamaban “El Mudo”. Miraba callado a los demás, pero su mirada no molestaba, miraba sin mirar, los ojos perdidos en la nada. 

Fondo Blanco, a pocas cuadras del cementerio inglés. Paredes a las que habían quitado el revoque, el ladrillo viejo a la vista era en ese momento una novedad. Al fondo, un pizarrón recordaba a un pub inglés. Escrita con tiza, una sola palabra ¡WELCOME! 
-Por si alguno de los vecinos se levanta y viene. 
El chiste funcionaba.

No era mi bar preferido, pero los jueves pasaba a tomar una, a conversar con Heber, cantinero y propietario del antro.
Desde que abrieron la cancha de fútbol 5, a mitad de cuadra, donde antes estaban las canchas de Padel, todos los viernes venía una barra de 10 ó 12 a hacer el tercer tiempo. 
Tomaban whisky, tomaban duro, y alborotaban todo, en un barrullo que crecía acorde a la cantidad de alcohol. 
Esta vez cayeron un jueves, estábamos todos. 

El nuevo vecino, sereno de la obra de mitad de cuadra, hacía su primera visita. Llegó con una damajuana que apoyó en el piso, se sentó en la barra y pidió un vino. Al terminarlo, se sirvió el segundo de su damajuana. Heber lo miró asombrado, pero prefirió esperar.
Los futbolistas eligieron divertirse. 
-Serví al amigo, la próxima va por nosotros. Una vuelta, otra, amistad para siempre. Nenes bien sintiéndose felices burlándose de un infeliz.


El tono fue subiendo, y resultó que Carlitos -así se llamaba el nuevo parroquiano- era de mala bebida, salió y volvió de la obra con un fierro enorme e intentó golpear al primero que encontró.
La horda lo sacó a la vereda y comenzó a pegarle. Una manada enardecida. 
Con Heber salimos a separar, y nos llevamos un par de golpes. Al calmarse, Carlitos quedó tirado y hecho un estropicio, llegamos a pensar que estaba muerto. Heber llamó a la policía y la ambulancia mientras yo esperaba al lado de Carlitos. 
La barra desapareció.

El Mudo, hasta ese momento tan impasible como siempre, salió del bar lentamente, se acercó a Carlitos, lo miro por unos segundos y le pegó tremenda patata en las costillas.
No hablé, solo lo miré y abrí los brazos, con gesto de reproche.

-¿Sabe una cosa? Me hizo calentar.

viernes, 31 de marzo de 2023

Milagro, lo que se dice milagro...

por Trancazo

Anécdota basada en hechos reales.
Se han cambiado los nombres para proteger a los inocentes ... y también a los culpables.

Luego de una carrera sacerdotal de más de 30 años, el reverendo padre Surticho abandonó los hábitos. Dicen que lo hizo al pie de la cama de la señora Magdalena Sartés de Juárez apenas escuchó que el marido abría la puerta al volver del puerto. El padre Surticho se lanzó a la calle en un santiamén (era un religioso) desde el balcón del primer piso de la casa de los Juárez. Nadie lo vio correr desnudo por las calles del pueblo hasta la vivienda donde se alojaba al lado de la iglesia; por la tormenta no había nadie en las calles. La misma tormenta que impidió que saliera de puerto el barco capitaneado por el Sr. Juárez.

El padre Surticho nunca había sido demasiado creyente hasta esa noche. A sus más allegados, a quienes les refirió la anécdota, les dijo que se había salvado de la furia del capitán Juárez «de milagro».

Amén

lunes, 27 de marzo de 2023

La Agenda de Verdecito (2ª parte)

Dicen que 2ª partes nunca fueron buenas. Por eso los audios de Haztelsano, la telenovela de Falssati y hasta las declaraciones de Romina Rosada van llegando a la docena.
de todas formas en La Galanga ponemos esta segunda parte de la Agenda de Verdecito, con los collages de su conocido de vista, un tal Yamandú Cuevas.
Y para colmo el tal Cuevas y su grupete exponen en la Casa de la Cultura de Maldonado.


Ahora sí, la promesa de la Agenda.


La Agenda
por Verdecito

En primero de escuela la maestra me prohibió escribir con la izquierda y yo, zurdo cerrado, tuve que abrirme. Así que después de mucho escribir en espejo con unos ganchos espantosos, aprendí, pero como nunca me prohibieron dibujar con la zurda, sin saber, me hice dibujante. Gracias Elba! (vieja de m!). En fin, cosas veredes Sancho! La cuestión es que de aquellos tiempos remotos viene esta manía de rellenar cuadernos, blocks y libretitas con dibujos, collages y pinturas.
En 2018 yo trabajaba en un centro educativo y una vez a la semana tenía unas reuniones de coordinación  que eran un verdadero plomo. Para sobrellevarlas mejor, con los compañeros aprovechábamos a reírnos de cualquier cosa y cuando no se podía, yo -fiel a mi TOC- rellenaba la agenda de dibujos, garabatos y collages.  
Pasó el tiempo y me fui de ese trabajo pero la agenda siguió, a veces retomando aquellos dibujos, otras tapándolos y haciéndoles collages encima y después ya más adelante, interviniendo las hojas en blanco que le iban quedando. 
Actualmente voy por la página Nº 228 y por suerte todavía me quedan unas cuantas para terminarla. Hoy elegí algunas para compartir en esta prestigiosísima publicación. 












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Y además ¡¡Feliz cumpleaños, Yamandú Cuevas!!
Máximo Gur Méndez

sábado, 25 de marzo de 2023

De compras


por el Turco

Recibí el aviso por el correo electrónico: “Hasta el 31/3 con el 25% off”.
Me froté las manos. Ahora o nunca. El vaquero que hace tiempo me quiero comprar pero el precio era demasiado excesivo. Hasta hoy.
Al atardecer llego al comercio. Al frente mesa con pantalones. Me acerco. “¿Puedo ayudarle en algo?” me pregunta una veinteañera ataviada de arriba abajo con prendas del local. “No, miro nomás. Gracias”. Contacto visual con la vendedora nulo. Ya aprendí que mirar a los vendedores a los ojos es invitarlos a que se manden con el speech aprendido y te frustren tus ansias consumistas. Convengamos que en esta oportunidad, una auténtica futilidad. Pantalones por todos lados y yo sin encontrar lo que buscaba: mi pantalón vaquero chupinesco . Ni hablemos del talle.
Cinco minutos después acudo al socorro. 
“Disculpá, ando buscando un vaquero medio chupín, para mí“
“Si, claro!” Rota sin moverse del lugar 180 grados para comenzar a mostrarme los modelos colgados contra la pared. “Tenés para elegir el regular, el skinny, el slim, el confort…”
“Pará, lo quiero chupinesco pero no adherido a mis piernas, se entiende?” 
“Puede ser el skinny o el slim, ¿qué talle?”
Me levanto la camisa, le muestro el vaquero que llevo puesto y la miro animándola para que se la juegue. Ni duda. Esta veinteañera anda volando en lo suyo.
“30, capaz 32”
“Probate el skinny talle 30, este modelo es más angosto. Y llevate un 32 del modelo slim mientras te busco un 30.”
Me dirijo feliz hacia los probadores. Tranco la puerta, me descalzo, me saco el pantalón y paso a probarme el slim 32. Calza con cierta justeza al inicio pero luego de acomodarlo lo noto cómodo en cintura y piernas. Seamos honestos: me deleito frente al espejo. Me gusta el pantalón. Me gusto yo dentro del mismo. Pero… siempre hay un pero. Miro de reojo el skinny (“este es el más angosto”) y me digo, ¿porqué no?
Entonces me saco el slim, tomo el skinny, y parado contra la banqueta frente a la puerta levanto mi pierna izquierda, la introduzco en la cárcel-pantalón que comienzo a advertir que es, inicio el descenso por el tubo largo, oscuro y cada vez más estrecho hasta que la punta del pie asoma por el extremo distal. Tiro del pantalón hacia arriba y apenas logro sacar medio pie. Perplejo y sudoroso, apoyado aún en mi pierna derecha, me inclino todo lo más que puedo para llegar al talón del pantalón, tironear desesperadamente para que el pie definitivamente pase todo y así calzar la pierna. Cosa que logro casi que milagrosamente. Me miro al espejo. Una pierna calzada y la otra en el piso. “Carajo. Esto no va a poder conmigo”. Con el pie izquierdo ya liberado y apoyado en el piso comienzo lo mismo con la pierna derecha. Esta vez solo logro ver el dedo gordo de mi pie. “¿Necesita algo? ¿Cómo le queda?” me pregunta  la vendedora imagino que preocupada frente a la demora del viejo pelotudo, que ni se imagina lo atrapado que está dentro de un skinny 30 y que porfiado como es llegará hasta las últimas consecuencias con tal de vérselo puesto.
Comienzo a tirar desde arriba. Nada. Flexionando el tronco y aún apoyado en una sola pierna  desciendo con los brazos mientras intento subir el pantalón. No hay caso. Llego hasta el talón del pie y en un intento postrero por sacar el pie hacia fuera pierdo el equilibrio, me voy hacia delante y blum!  De cabeza contra la puerta. Retrocedo de rebote y plim! Caigo sentado en el borde de la banqueta que se vuelca y junto a ella termino en el piso preso del pantalón de mierda cual chaleco de fuerza.
“¿Está seguro que está bien?” me pregunta la veinteañera ya francamente con voz preocupada.
“Si si. Me resbalé. Todo bien"
Todo mal. Aprovechando la seguridad que me brinda el piso en una maniobra contorsiva propia del Gran Houdini saco mi pierna izquierda, luego la derecha, para finalmente resoplando, incorporar mi humanidad, ponerme mis pantalones, luego las medias que habían quedado en el skinny de mierda, y calzarme los zapatos.
Me miro al espejo. Y me mando a la reputísima madre que me parió.
Abro la puerta con una sonrisa de oreja a oreja.
“Muy buen ojo el tuyo. Era el 32 nomás “
Pero ahora tengo mi chupín. Medio chupín.

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Me reí a más no poder! Describiste la acción a la perfección! Y si fueras mujer ni te imaginas las trampas que nos hacemos para que nos entren las cosas,.....y ni que hablar de los miniprobadores!
Carmiña

jueves, 23 de marzo de 2023

Los nombres han sido cambiados para proteger a los inocentes


por Odoacro

Apenas pasabas la puerta veías el cartel de chapa en la pared “¡PELIGRO! INFLAMABLE”.

-Ese cartel lo puse por estos borrachos, les arrimás un fósforo y arden como un bonzo.

 Tenía las paredes cubiertas de carteles viejos, publicidad de hojillas de fumar, nombres de calles, “Prohibido hablar al conductor”, “Prohibido salivar”.

Una flecha señalaba el único baño, y en la puerta, un cartel de “Pare” y otro, “En caso de incendio no utilice el ascensor”, desconcertaban al apurado, la misma puerta del lado de adentro tenía el suyo “Sin Salida”.

Solo había dos fotos, una del Mago y una del Pocho al lado de un camión de bebidas.

El boliche del Pocho Tabárez abría a las 10  y cerraba cuando se iba el último borracho.

Si llegabas un poco antes tenías que golpear y esperar que te atendieran o El Chingo, un homosexual sin edad, podía tener 60, 45, era indefinible, -un pobre tipo golpeado por la miseria y la marginación - o una gurisa de 12, a 20 años, nunca la misma.

-Mi sobrina, decía. No preguntábamos.

El flaco Ceriani reía, 
-¡El Pocho no se priva de nada!

 Si el que abría era él, tenías que esperar que enrollara la colchoneta en la que dormía detrás de la barra y levantar la plataforma de madera para poder bajar al sótano húmedo, entre mojado y 10 cm de agua, según la época del año.

Mientras el Flaco y el Pileta abrían el sótano, él contaba sus problemas hepáticos, sus diarreas, y  raspaba, descascaraba meticulosamente con una sevillana, la herida incurable de su pierna   
 - La diabetes, decía.

Alguna vez terminaba su relato con una queja  -Lo mío fue injusticia. Un error.

Si llegabas a eso de las 12, el Pocho ya estaba entonado, te veía entrar y servía tres vasos de caña.

- Para los colegas, siempre está la copa servida, decía.

A esa hora no se abría el sótano, la cerveza quedaba contra el baño.

Era evocar un pasado mejor, había sido dueño del reparto de la foto en Ciudad Vieja; el Flaco trabajaba con él.

Conocíamos su historia. Todas sus variantes, alguna vez más trágica, otras más jocosas, según el grado alcohólico del Flaco.

-Andaba cruzado con un fiolo por una pupila del Universal, nos dejó descargando en el Mercado y se fue al bar de Piedras y Colón, media mañana, lo vio acodado en la barra y le pegó tres tiros.

-El camión del Pocho era un Cantegril - decía el Flaco Ceriani, y reía.

-Éramos unos mugrientos; los clientes, cuando llegábamos, no sabían si íbamos a vender o a robar. ¡Qué buenos tiempos!

El error le costó diez años en cana.

Al salir descubrió en Piedras Blancas ese local cerrado hacía varias décadas. Preguntó en el barrio, nadie sabía. Arrancó el candado oxidado y armó el bar a su manera, sin un peso y sabiendo que podría durar poco, un día aparecería algún heredero. No apareció.

Un viejo almacén que aportaba mostrador de mármol y alguna estantería. En la feria de Piedras Blancas fue agenciándose vasos, mesas, sillas, carteles.

Los viejos colegas le fueron consiguiendo bebidas que siempre pagó.

-Me fían porque saben que soy una persona de bien, terminé en cana por un error.

-Perdí el reparto, perdí todo.

-Una injusticia pobre infeliz, el mismo color de pelo, vestido igual. Se lo expliqué al comisario.

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Grande Odoacro
Anónimo

miércoles, 22 de marzo de 2023

Una vuelta más para Falssati


por Máximo Gur Méndez

Nunca debemos decir que nuestra capacidad de asombro está colmada.
Podemos encontrar cosas tales como que la Romina Rosada, en un alarde de sinceridad, se quejó que el recital dado el otro día con patrocinio y organización de la Intendencia de Montevideo era plata pública para mantener lesbianas (en clara alusión a la decisión de Daniela Mercury de tener una pareja lesbiana y así reconocerlo en público desde hace años). ¡¡Romina Rosada!!
También podemos ver y oír al ministro de defensa, el casi pediatra Javier KGarcía, decir que los periodistas mintieron cuando dijeron que, tratando de hundir unas barcas abandonadas, se dio vuelta nuestro buque con pérdidas cuantiosas. ¡Porque eso no había sido en tal ubicación del Río de la Plata sino en tal otra! Pero que se había dado vuelta el buque ... bueno, ¡eso sí!
Pero hoy quiero rescatar del fárrago informativo diario el casi penúltimo capítulo de la telenovela Duelo de Fiscales. Es que la estrella principal, la fiscal Falssati, no deja de asombrarme. Cuando se dieron a conocer los audios donde decía que no se quería inmolar (audios que no fueron filtrados ni obtenidos con ninguna argucia; fue la respuesta a un conocidísimo periodista) la fiscal se sintió abrumada por el estrés y pidió licencia por 15 días. Pero como el fiscal Parisino agarró la posta y empezó a moverse (cosa que Falssati no hacía) ésta se reintegró a los 7 días para sacarlo del medio y agarrar ella de nuevo los casos. Obvio que esto no le debe de haber gustado nada a Parisino (se reintegra estando aún de licencia médica, la licencia el galeno se la suspendió al día siguiente). Eso le hizo acreedor a una denuncia por violencia de género contra Falssati!! Solo que esta vez el Fiscal de Corte dijo Bueno, basta para mi y trasladó a Falssati a otra fiscalía. Esto mereció una nueva licencia médica pero esta vez por 30 días!!! ¿Alguien conoce al mencionado galeno? Es para que dé licencia a los peones de campo cuando con gripe y todo salen a las 4 de la matina a ordeñar.
Los casos de la fiscal Falssati los toma otra fiscal que, obviamente, ya fue defenestrada por la senadora Graciela Blanqui porque ya la tenía en una lista de sospechosas de izquierdismo (¡¡¡SIC!!!) Como habrán visto Gracielita tiene listas de sospechosos!!
Bueno, pero lo más importante de todo esto es que hay que seguir con el juicio político a Carolina Cosa o que la Loly y el princeso parece que se van a arreglar.
¡¡Andááá!!





Obra de Ke Trazo

Comentarios


Muy bueno el texto, el meme y el dibujo 👍 👏
Silvia Ferrín

Ese médico certificador fue a la misma facultad que muchos de nosotros. 
Flaco

Excelente! Es increíble cómo todos los días hay una sorpresa más!
Meri

Muy buena crónica!!! Seguro que habrá tema para varias más.
Anónimo

Es todo una telenovela, pero de las de las 2 de la tarde! Todo sirve para los que aún creen en la separación y no intervención de poderes! ke trazo cada vez dibuja mejor
Carmiña