El otoño del Tren Fantasma
Empieza el otoño en el Parque Rodó. Un buen lugar para pasear en media estación y llevarse un pequeño susto en algunos de sus juegos.
Por Abelardo Abelenda
Recobecos de Montevideo, el Parque Rodó
Señor, señora, ¿qué
hacer para que su hijo chico no esté tantas horas sentado frente a la tele y/o
la computadora?

Aproveche a asustarse, le queda poco. Parece que la
Intendencia de Montevideo presentó un proyecto para modificar toda la parte de
juegos. Con los tiempos de la IMM, dentro de 15 años quizás, el Tren Fantasma volará, así como los autitos chocadores y otras
“atracciones mecánicas” linderas al parque violeta.
Con pocos pesos, una torta frita, un churro relleno, una
garra o un pop acaramelado el pop, ambientan gastronómicamente la fiesta.
Después de tremendo susto, lleve al párvulo a dar una vuelta
en las siempre románticas lanchitas a pedal del lago. Si es en el atardecer
mejor. Los rayos amarillos, casi horizontales atraviesan las copas de los
árboles a ras del agua. En las islas pululan los gansos, conejos, benteveos,
gallinetas, cuervos, garzas blancas y las infaltables palomas.

Señor, señora, dele la bienvenida al otoño en el segundo
parque más antiguo y el más lindo de la ciudad. Pague 30 pesitos, pedalee en el agua y busque
las dos palmeras con higuerones abrazados que hay en las islas. No se demore
mucho, hay una a la que le queda poco.
El otoño es
una segunda primavera, cuando cada hoja es una flor.
Albert Camus
El ancabezado con la línea editorial en latín es francamente fabuloso.
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