In Invernum qualqum soreteae fiumo expelent

DEFINICIÓN


galanga (diccionario de la real Academia Española)

3. f. Bacín plano con borde entrante y mango hueco, para usar en la cama.

martes, 27 de octubre de 2026

El pescadito azul

Mucha buena gente se junta, se amiga y comienza a hacer cosas conjuntas en cualquier parte del mundo. Acá, en Playa Verde, pasa lo mismo. Solo que, como somos poquitos, nos conocemos más. Y se juntan arqueólogas que reencuentran el mar con escultores que recuerdan los desaparecidos, y hay fotógrafos que escriben Haikus. Y también hay artistas que nos hacen revivir en sus cuentos.



por Yamandú Cuevas

Para darle un toque tonto y falsamente dramático a mi infancia suelo contar los pocos juguetes que tuve, pero es mentira. Tuve un montón de juguetes o, dicho con justicia, todos los que se usaba o se podía tener en aquellos iniciales años sesenta del siglo veinte: el clásico camión volcadora con tuercas y llave para desarmarlo hasta que se perdieran las tuercas, una decena de autitos matchbox descascarados, unas cuantas pelotas de plástico que se abollaban enseguida pero que se auto-inflaban dejándolas al sol, una de goma color rojo ladrillo que te dejaba las piernas con moretones, una metralleta de plástico con una palanquita que hacía rat-tat-tá-tá y que se rompía enseguida, un futbolito, un triciclo Daless, un monopatín y una bici heredada de mis primas, soldaditos y bichos de plástico, el álbum de titanes en el ring, el de México 70, una pistola espacial de lata litografiada que cuando apretaba el gatillo hacía ruido y encendía luces y un montón de otros juguetes que cayeron en el pozo de las cosas que no se pueden recordar.

Ese pozo es un misterio. Uno nunca sabe cuántas cosas puede haber allí. Cada tanto hay episodios estrafalarios en los que un martillo invisible o una pedrada anónima nos golpea fuertemente en la cabeza y nos genera una conmoción que por algunos milisegundos nos atonta y nos transporta a uno de sus recovecos más extraños del que extraemos, rescatamos, salvamos, uno de esos recuerdos que a veces, como en el caso del pescadito azul, es un juguete que, si no fuera por ese impacto, nunca hubiéramos vuelto a recordar. Ojo, en el pozo no sólo hay juguetes, también hay olores a torta de mandarina, sabores a buñuelitos de vinagre, imágenes de primeras novias, caras de mejores amigos de la escuela, colores de chalecos de lana preferidos y un sinfín de cosas imposibles de detallar. Principalmente porque hoy de lo que quiero hablarles, es del pescadito azul.

Porque no era uno cualquiera sino uno que volaba, era de goma y tenía un chifle ridículo que sonaba cuando se lo apretaba con cierta violencia. Volaba de las manos de Mirtha Julia a las mías y de las mías a las de Mirtha Julia una y otra vez, hace unos veintidosmil días atrás, en la playa de las islas con aerocarril y del cine auditorio con bancos de cemento que te marcaban las piedritas en la espalda, cuando Mirtha Julia era joven y llevaba una bikini naranja con lunares blancos y yo temblaba como una vara en la orilla.

Aquella playa de todo el día con refuerzos de mortadela y cocoa en la canasta era famosa por sus olas altas y bravas que podían engullir a niños desprevenidos y en un santiamén hacer desaparecer barquitos, pelotas, baldecitos y lloradísimos pescaditos azules con chifle ridículo incluido.

 

Ayer, en el encuentro en el club Playa Verde, las antropólogas de la comarca se pusieron a hablar de la memoria del mar y yo sentí uno de esos golpes de martillo invisible que te tiran de cabeza al pozo y la inconfundible conmoción. Al salir me di cuenta que el pescadito azul nunca se perdió, que está en mi memoria desde el principio de los tiempos trayéndome el olor de los mejillones de la orilla, el de las algas verdes, el de la bolsa del kilo de bizcochos, las diferentes texturas de la bikini naranja con lunares blancos de Mirtha Julia, el brillo de su pelo negro mojado por el mar, la redondez de las gotitas de agua sobre su hombro confundiéndose con mis lágrimas de desconsuelo por aquella primera pérdida con forma de pescadito azul.

Escrito por Yamandú Cuevas en el taller “Memorias del mar”, Club Playa Verde, jueves 22 de octubre de 2026. Organizado por Antropólogas de la Comarca y la Comisión del Club Playa Verde.


Comentarios


Pah! Yama!! Impeca el cuento!!! Me hiciste participar de lo que contabas con mis propias memorias! Imponente!
DB

1 comentario:

  1. Pah! Yama!! Impeca el cuento!!! Me hiciste participar de lo que contabas con mis propias memorias! Imponente!
    DB

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