Por Abelardo Abelenda
Libros de exitosos y de buenas prácticas está lleno. Nadie
escribe de los fracasados, de los que no
llegaron, del 99,9% restante.
En los veteranos del basquetbol del club 25 de agosto estamos
empezando a juntar letras para escribir uno.
Que el letrista no se olvide de los crack que no llegaron
El Tato López ya lleva como 5 o 6 libros, Capalbo sacó el
suyo. De futbolistas, cantores, músicos hay un montón. Si uno fue un crack es
mucho más fácil. Lo difícil es hacer un libro de los que quedamos por el camino
y a la fama la miramos por tevé.
Parafraseando al joven Pinocho Routín, cuando hace más de 20
años le increpaba a Jaime que no le hacía la canción para su barrio, para Playa
Pascual: “¿Y Jaime, para cuando la canción para los que no llegamos?”. Al
final Pinocho la tuvo que escribir el mismo. Y arrancó a escribir y no paró.
¡Por suerte!
En la generación de 1966 a la que pertenezco, éramos como
500 jugadores en Montevideo. 12 equipos en cuatro divisionales, a 12 jugadores
por equipo te da 500. A esto hay que sumarle otro tanto de los equipos del
interior. Podríamos decir que fuimos 1000, de los cuales solo 1 o 2 llegaron a
la selección mayor y 10 jugaron en primera. De chicos todos aspirábamos a vestir la celeste o jugar en primera, así que
hay 990 que quedamos frustrados.
Los problemas por los cuales no llegamos fueron muchos, casi
tantos como 990:
- ¡Qué jugador y no lo ponían! El técnico siempre es la excusa más utilizada.
- La lesión grave que le cortó la carrera a muchos y que los relegó a un segundo plano.
- ‘El que era un fenómeno era el hermano, pero no le gustaba entrenar’
- ‘Se tuvo que dedicar al laburo, 14 horas y no tenía tiempo para ponerse los championes’
Ejemplo de estos tenemos miles en el deporte. También los
hay en el canto y la música.
Hace años me enteré en la cantina del club Juventud de las
Piedras que Julio Sosa, ‘El barón del tango’, hijo ilustre de la localidad,
había salido segundo en el concurso de canto que lo catapultó a la fama en Buenos
Aires, el tema es que al primero parece que le faltaban un par de “comedores” y
no lo quisieron llevar a la vecina orilla. No llegó.
Los que no llegamos no nos podemos quejar, a cambio
recibimos muchas cosas importantes. Damos las gracias de poder practicar y amar aún
hoy un deporte colectivo y fundamentalmente barrial. Aprendimos a ganar y fundamentalmente a saber perder, que es lo más difícil.
Los aprendizajes los llevamos puestos y los
aplicamos todos los días en nuestros trabajos, en nuestras redes de amigos, en
nuestra familia, en nuestro aporte como ciudadanos, y en definitiva, en nuestro diario intento de conquistar a esa dama que cada tanto nos concede una pieza, doña felicidad.
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